Comer barro, la última moda ‘saludable’ de Hollywood

Las actrices Shailene Woodley y Zoë Kravitz abanderan la tendencia que defiende la ingesta de tierra con el objeto de depurar el organismo y combatir la obesidad.

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Foto: Cordon Press
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La comunidad científica asiste con estupor al desfile de voces que defienden los beneficios de ingerir rocas sedimentarias para desintoxicar el organismo y mantener la línea. En los últimos meses, las actrices Shailene Woodley (Divergente) y Zoë Kravitz (Sin reservas) han declarado públicamente su obsesión por la arcilla y otros materiales geológicos por las supuestas propiedades que tienen para la salud. La creciente popularidad de esta moda saludable ha puesto en pie de guerra a los médicos de Estados Unidos y Reino Unido, ya que la geofagia, como se conoce al hábito morboso de comer tierra o sustancias similares no nutritivas, puede provocar daños irreparables si no se lleva a cabo con las garantías mínimas necesarias.

Todo comenzó con las declaraciones que Shailene Woodley ofreció el pasado mes de marzo al blog Into the gloss: "El barro es una de las mejores cosas que te puedes meter en el cuerpo. La primera vez que me hablaron de sus beneficios fue gracias a un taxista africano que me contó que en su país de origen lo tomaban las mujeres embarazadas. Así es como descubrí que el barro es genial, porque tu cuerpo no lo absorbe y aparentemente suministra una carga negativa que se adhiere a isótopos negativos". Woodley, que en ese momento se encontraba en plena vorágine promocional de la película Divergente, siguió haciendo proselitismo en el programa de David Letterman y otros foros. Ajena al escándalo, la actriz siempre se ha mostrado encantada de la vida con su verdad.

Lo que en un principio parecía la chaladura de alguien con ganas de llamar la atención pronto se convirtió en algo más. Semanas después, la actriz Zoë Kravitz confesaba la afición que compartía con Woodley en una entrevista para la revista US Weekley. Al parecer, no se lo pensó dos veces cuando le dijeron que debía perder nueve kilos para su papel en la película The road within: "Terminé bebiendo arcilla, porque limpia tu cuerpo y te llena". Estas declaraciones dieron alas a quienes sostienen que una dieta basada en la geofagia colma de bienestar a quien la sigue. Tal ha sido el alcance de esta moda que muchos médicos han alertado de los riesgos que entraña este alimento si previamente no ha sido tratado convenientemente –puede contener elementos tóxicos como plomo o arsénico–.

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Shailene Woodley y su alimentación, protagonistas de revistas especializadas.

D.R.

Hoy por hoy comer barro es una costumbre aún vigente en zonas subdesarrolladas de África –permite compensar las carencias minerales de sus habitantes–, pero según las autoridades sanitarias llevar a cabo esta práctica en los países occidentales no tiene ningún fundamento. En nuestro país, Quevedo ya dio testimonio de este hábito en el poema A una moza hermosa que comía barro. Hace unos años, el escritor y crítico Manuel Rodríguez Rivera explicó en una crónica para EL PAÍS que la ingestión de arcilla era algo habitual en el Madrid del siglo XVII: "Para obtener esa blancura enfermiza y macilenta, una moda que arrasó entre las damiselas de la nobleza y fue condenada por la Iglesia, la receta más recomendada era comer arcilla, bien en tabletas (aderezadas caseramente con azúcar o almíbar), bien a las bravas, a base de pegarles frecuentes mordiscos a las vasijas de barro que hubiera por casa (las preferidas eran los búcaros portugueses de Estremoz)".

Cuatro siglos después, comer barro no es desde luego algo que ningún médico prescriba. Sin embargo, son muchas las firmas cosméticas y los especialistas de belleza que emplean la arcilla de forma tópica. Según ellos, la utilización del fango puede ser recomendable en casos de exceso de seborrea, acné, foliculitis o envejecimiento prematuro. Pero administrarlo por vía oral es algo diferente. El doctor Kent Sepkowitz explicó en el portal de información The Daily Beast que "la suciedad no deja de ser suciedad" se llame como se llame y que el barro "contiene excrementos de innumerables animales", con los riesgos que eso conlleva.

En la misma línea, la nutricionista Despina Hyde, explicó al New York Daily News que "el cuerpo humano elimina lo que no necesita de manera muy eficiente gracias al hígado y los riñones" y, por lo tanto, "ingerir barro no es en ningún caso necesario". Quizás el apunte más sensato sea el de la doctora Sarah Jarvis, quien declaró a la BBC que "con frecuencia hay un pequeño elemento de verdad en las modas pasajeras", pero el problema aparece cuando "se exageran y se desata la fiebre". Puede que Woodley y Kravitz no vayan del todo desencaminadas, pero quizás su forma de alimentarse sea más propia de otro continente… u otro siglo.

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¿Alguien se atreve?

Cordon Press

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