Arte directo al paladar

Óperas y ciudades comestibles, menús surrealistas, desfiles de moda trasladados al plato. Los gastroshows, que unen espectáculo y gastronomía, han llegado a España para quedarse.

Ópera comestible
Foto: D.R.
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¿Recuerdan la casita de Hansel y Gretel? Techos de chocolate, paredes de bizcocho, ventanas de regaliz… La casa no solamente servía para ser devorada, cumplía otros muchos papeles y su atractivo iba destinado al subconsciente. Hoy habría sido clasificada como exponente del Eat Art, esa disciplina que nació en Estados Unidos en los años 60 y que incorporaba los alimentos, con toda su carga simbólica, en las obras de arte. El propio Dalí llegó a decir: «Los órganos más filosóficos del hombre son sus mandíbulas».

El pasado julio se estrenó, en Matadero Madrid, Harmonía, una ópera comestible que mezclaba varias disciplinas artísticas y escénicas y donde, además de cantar, se tiraba confeti de sabores, se vaporizaba lavanda y se ofrecían bolsas de especias para hacer partícipe al sentido del olfato. Harmonía es el último proyecto de los madrileños María F. Espada y Carlos Monleón. Ambos viven y trabajan en Londres, donde idean sus piezas artísticas, que acaban siempre en el estómago y que no están exentas de una cierta moraleja. «Utilizamos la gastronomía como llave a otros mundos. No protestamos, mostramos otras posibilidades. Nuestra revolución no grita, se cuece», dice Carlos. «Lo que nosotros hacemos es algo que se ha hecho a lo largo de la historia», continúa Monleón. «Los banquetes clásicos ya aunaban arte y comida. Eran auténticos despliegues de humor e ingenio, que jugaban con las expectativas de los comensales y las convicciones gastronómicas», explica.

Traducir al plato los cuadros, el pensamiento y la persona de Picasso es la tarea que Creentia (creentia.com) llevará a cabo el 7 de septiembre en Madrid. ¿Difícil? Nada que esta fábrica de experiencias gastronómicas no pueda hacer. Entre sus producciones pasadas están La vuelta al mundo en 7 platos, Tributo gastronómico al color rojo o Los 7 pecados capitales, mientras proponen para el 25 y 26 de octubre, en Madrid, Food & Fashion Festival. Reconocidas firmas de moda –Diesel entre ellas– avalarán el proyecto, que cuenta con las fotos de Fulvio Bonavia y los diseños de Anna Marconi, que interpretará en comida colecciones de desfiles de moda y donde las cenas tendrán lugar en escaparates. «Más que una reinterpretación de la cocina, lo que buscamos es reinventar la experiencia del comensal», comenta Marius de Robles, el alma de esta empresa, que inició su actividad en 2011. «Posiblemente el concepto de pop-up restaurante sea el que mejor nos define. Somos efímeros y construimos experiencias gastronómicas en lugares inusuales. Nuestro público no es estrictamente foodie. Es una mezcla de sibarita y amante de las cosas nuevas, gente inquieta, preocupada por conocer las últimas tendencias», apunta Marius.

La psicóloga Alicia Ríos es una veterana del Eat Art, en el que entró de forma casual mientras trataba de explicar una tesis psicológica con un colchón relleno de patatas fritas en un simposio de Oxford, en 1987. Su obra más destacada es Ciudades comestibles, una performance que ya ha hecho en Londres, Melbourne, Gran Canaria, Madrid o Segovia. Una parte de la ciudad es reproducida en alimentos y cocinada por sus habitantes para luego ser devorada por ellos. La 4º Bienal de la ONCE, el 20 de septiembre, en Madrid, incluirá uno de sus proyectos con los que pretende cocinar mundos.

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