“El techo de cristal es una realidad también en la Universidad”

Saben que la carrera académica es un desafío, pero lo afrontan con el convencimiento de que la educación es la llave del futuro. Por eso reclaman un acuerdo global que afiance los conocimientos y enseñe a pensar. Humanidades y Ciencias, dicen, deben ir de la mano.

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De izda. a dcha., Marta Casanellas, con top y chaqueta de ESCADA, pantalón de MAX MARA y zapatos de & OTHER STORIES; Pilar Aranda lleva vestido de LEBOR GABALA y zapatos de LIU JO; Elisa Pérez Vera viste camisa de DESIGUAL y pantalón de MARINA RINALDI; Ana Laverón lleva vestido de SANDRO, medias de WOLFORD y botas de CHIE MIHARA; Carme Riera, con traje de ESCADA y zapatos de MAX MARA; e Isabel Durán viste top de MAX MARA, pantalón y chaqueta de HUGO y sandalias de & OTHER STORIES Foto: Mirta Rojo

Emilia Pardo Bazán fue nombrada consejera de Instrucción Pública en 1910, poco después de que se aprobara el acceso de la mujer a la enseñanza superior. Quienes nos acompañan han sumado sus propios hitos a esa historia de discriminación, retos y progreso. Cada una ha roto su propio techo de cristal. En 1982, la catedrática de Derecho Internacional Privado de la Uned Elisa Pérez Vera se convirtió en la primera rectora española; luego fue magistrada del Constitucional. Carme Riera, catedrática de Literatura Española de la UAB y Premio Nacional de las Letras 2015, ocupa la silla n de la RAE y acaba de publicar Las últimas palabras (Alfaguara). La catedrática de Fisiología Pilar Aranda fue elegida en 2015 rectora de la Universidad de Granada (UGR), un centro con casi 500 años. Isabel Durán, catedrática de Filología Inglesa, ocupa desde 2015 el Vicerrectorado de Relaciones Internacionales y Cooperación de la UCM. Ana Laverón es desde 2010 catedrática de Vehículos Aeroespaciales en la ETSI Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid, donde solo el 25% del alumnado es femenino, además de directora del E-USOC. Y Marta Casanellas, profesora del Departamento de Matemáticas de la Politécnica de Cataluña, preside la comisión Mujeres y Matemáticas de la Real Sociedad Matemática. Día a día, su trabajo sigue derribando barreras.

¿Por qué decidieron dedicarse a la docencia y la investigación?

Isabel Durán: Mi padre es catedrático de universidad, desde pequeña viví un ambiente de estudio y de amor por la enseñanza.
Elisa Pérez Vera: En mi caso también es una tradición familiar: mi abuela tenía una escuela y mi madre fue profesora hasta ser depurada por el franquismo. Cuando estudié Derecho no pensaba en la docencia, pero a medida que me dedicaba a la investigación encontré que no tiene sentido si no compartes su contenido con los demás. Para mí, la docencia es la consecuencia lógica de la investigación.
Ana Laverón: La verdad es que no es una decisión temprana: terminé la carrera, estuve de becaria en varias empresas y me di cuenta de que prefería estar investigando.
Pilar Aranda: Yo hice Farmacia pensando en dedicarme a la investigación. Desde segundo entré de alumna interna en el departamento de Fisiología… Y hasta aquí.
Carme Riera: Pues yo no quería enseñar. Me apetecía ser médico, pero en casa me dijeron que las chicas o letras o nada. Y entre nada y letras, elegí letras. Me gusta mucho investigar, soy un perfecto ratón de biblioteca.
Marta Casanellas: Yo no tenía claro que me quería dedicar a la investigación hasta que encontré aplicaciones de las matemáticas en la biología, y eso me llevó a la docencia.

Se habla de crisis de las humanidades. Ustedes vienen de campos tanto humanísticos como científicos. ¿Ambos deben permanecer, y compaginarse?

P. A.: Las humanidades transforman la sociedad y las demás áreas son instrumentales para el desarrollo socieconómico. Por eso tenemos que saber combinar.
C. R.: Estoy completamente de acuerdo. Las humanidades son básicas. No se pueden olvidar todos esos aspectos que nos hacen personas y nos ayudan a comprender mejor el mundo.
M. C.: Si alguien tiene una buena base en lingüística, eso le ayuda mucho con las matemáticas, y conocer matemáticas te ayuda a tener un pensamiento estructurado… La combinación de todas las disciplinas es lo mejor, no puedes dejar unas para centrarte en las otras.
E. P. V.: Ese debate obedece a una visión reduccionista de lo que necesita la sociedad. Yo creo que hasta la disciplina más técnica requiere de unos conocimientos que hunden sus raíces en la filosofía. Por eso cuando se dio la voz de alarma de que podía desaparecer como asignatura en bachillerato me pareció terrible, porque sería lamentable que renunciáramos a esa base de lógica, de pensamiento crítico.
A. L.: Ahora hay bastantes carreras en las que se combina Filosofía con otras carreras técnicas, y eso me parece muy interesante. En la Agencia Espacial Europea trabaja una filósofa que en  las reuniones siempre tiene un punto de vista diferente, aporta otra perspectiva.

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Isabel Durán (UCM), Ana Laverón (ETSI Aeronáuticos) y Elisa Pérez Vera (Uned). Foto: Mirta Rojo

También preocupan informes como el Pisa, ¿qué falla?

A. L.: Con Pisa se enseña al alumno a superar un examen, a hacerlo muy bien en un tipo de prueba, que no significa ni que haya adquirido conocimientos que necesita ni que haya logrado una capacidad crítica.
I. D.: Yo creo que la educación secundaria está demasiado basada en memorizar datos, conceptos, horarios larguísimos, muchísimos deberes… Hay que incidir en que los alumnos aprendan a desarrollar su capacidad para la escritura, para la creatividad, para la investigación… Llegan a la universidad y lo único que saben es memorizar, no pensar.
E. P. V.: En primaria y secundaria hay que empezar a sembrar la autonomía de pensamiento, pero hay un momento en el que la acumulación de conocimiento, que no la memorización, sí es necesaria.

Que las leyes educativas varíen con los cambios de Gobierno, ¿repercute en la educación superior?

C. R.: Sí. El gran drama de la Transición fue no conseguir un pacto por la educación. Eso realmente es terrible y lo vemos en las generaciones que van llegado, cada vez peores. Me indigna que los políticos no hayan llegado a ese pacto, que para el futuro es imprescindible.
M. C.: Además los cambios que se han ido haciendo parece que no tengan ningún referente, no han mejorado la situación. Estamos en el mismo nivel de fracaso escolar.
P. A.: Llevamos años reclamando un pacto por la educación, una estabilidad en el sistema en su globalidad. Se pueden hacer leyes con mecanismos de control, pero un sistema donde estén cambiando periódicamente la estructura y los contenidos no es bueno para la sociedad.

¿Y cómo llegar a un pacto que guste a todo el mundo?

E. P. V.: Hablando. Y oyendo. Escuchando a la comunidad educativa, solo por esa vía se puede lograr un acuerdo de Gobierno sobre la educación, que es indispensable para el futuro del país. Las reformas educativas sucesivas que hemos tenido degradan la docencia.
I. D.: Desde 1985 ha habido siete, y se ha demostrado que no necesariamente redundan en buenos resultados. La educación requiere de un pacto estable y perdurable.
A. L.: Tienen que hablar, pero con todos. Ponerse de acuerdo, pero implicando a las personas que van a tener que poner en marcha esos sistemas educativos. Hay que hacer una reflexión para llegar a un sistema que funcione.

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Pilar Aranda (UGR), Marta Casanellas (UPC) y Carme Riera (UAB).

El 58% de los licenciados son mujeres, pero conforme subimos en la carrera académica los números cambian: hay un 40% de profesoras y un 20% de catedráticas. ¿Por qué?

C. R.: Por la misma razón que los puestos más altos en las empresas suelen estar ocupados por hombres. Es difícil que cedan el poder cuando la historia les ha acostumbrado a ostentarlo sin tenerlo que compartir con lo que todavía algunos llaman el sexo débil. El efecto tijera, pirámide, techo de cristal, o como queramos llamarlo, es una realidad.
E. P. V.: Lo malo del techo de cristal es que cuando se rompe se reconstruye rapidísimamente. Al ser elegida rectora todos decían que había roto el techo de cristal, y rápidamente se volvió a generar…
P. A.: En las universidades públicas solo hay dos rectoras. Las mujeres que tienen puestos académicos a veces no son visibles en las propias universidades, por lo cual a la hora de presentarse a rectora no toman la decisión porque han sido invisibles…
I. D.: Y están las relaciones de poder. A los niños se les educa en roles de liderazgo, desde pequeños están encauzados a montar redes de influencias que se apoyan unos a otros, y para una mujer entrar en ese grupo tan endogámico, tan masculino, es difícil.
M. C.: Además, la carrera académica es muy dura entre los 25 y los 40 años y para conseguir una plaza tienes que estar mínimo dos años fuera. Esto no es muy compatible con la idea de formar una familia.
A. L.: En las carreras técnicas queda mucho por hacer. En la Politécnica hay menos de un 20% de alumnas. En mi escuela, en particular, hay del orden de un 25%, aun así es poquísimo. Y lo mismo ocurre con las profesoras, me parece un problema tremendo.

¿A qué se debe esa falta de mujeres en ingenierías y carreras técnicas?

I. D.:  Yo mencionaría la famosa frase de Simone de Beauvoir: «No se nace mujer, se llega a serlo». Para diferenciar el género biológico del constructo cultural mujer que se ha ido desarrollando a lo largo de la historia. Por supuesto que nacen mujeres para ser ingenieras. Pero la sociedad machaca con la idea de que es una profesión de hombres, es la segregación horizontal.
M. C.: Sí, es por la educación que se da antes de la carrera: no se ve que la ingeniería tiene valor social, que puede ayudar a la sociedad. A las chicas les hace falta esa motivación extra para meterse en estas carreras.

Que las universidades impulsen centros de estudios de género o departamentos especializados en la igualdad, ¿impulsa el cambio?

P. A.: Ayuda porque hace visibles a las mujeres y los problemas que tienen, es importante que se conozcan. Soy totalmente partidaria de la discriminación positiva, que es lo que ha hecho que el mundo femenino sea visible, que las mujeres lleguen a ocupar puestos.
C. R.: Concienciar a todos los alumnos, independientemente de que sean hombres o mujeres, me parece muy necesario. Hay que mostrar que el feminismo es una revolución en marcha, por supuesto incruenta, ninguna feminista ha mandado al paredón a nadie, en la que estamos todos implicados si pretendemos un mundo más justo, en el que la igualdad sea un punto de partida. Y hay que revisar la historia y reivindicar el papel de las mujeres. Basta mirar atrás para ver el olvido en que han caído mujeres de la importancia de Clara Campoamor, que debería tener una calle en todos los municipios de España.

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