Por qué el Instagram de Céline tiene más sentido de lo que piensas

A pesar de que la firma francesa se negaba a tener redes sociales, sucumbió hace unos meses. Ahora su perfil está plagado de imágenes que, aunque puedan parecer desconcertantes, desafían las reglas de Instagram y esconden mensajes políticos.

Celine Instagram

Imagen de la campaña primavera-verano 2017 de Céline. Foto: Céline

Hace no tanto tiempo y en una galaxia no tan lejana, una firma de moda se resistía a sucumbir ante las todopoderosas redes sociales. La casa era Céline y, cual héroe arquetípico, caminaba a contracorriente de una industria que le marcaba otra dirección. Phoebe Philo, capitana de tan escéptica tropa, repudiaba la fama, pasaba de mostrar sus prendas en los escaparates del cuartel (léase tienda) y defendía contra viento y marea la idea de que “el verdadero chic es no aparecer en Google”. Pero en este cuento el final no es el esperado y la protagonista acabó siendo absorbida por el imperio: en febrero de este año Céline sucumbía a la dictadura del like estrenando cuenta de Instagram. Una primera fase de su presencia digital que será completada con el estreno de su comercio electrónico a finales de este mes.

Pero la digitalización de Céline tiene sus propias reglas. Mientras firmas de la competencia se dejan los cuartos en contratar a las celebrities del momento como protagonistas de sus campañas y extienden cheques con alegría a egoblogueras y similares, la casa francesa sigue abogando por el lujo silencioso, conceptual y político. En sus desfiles no verán un tropel de influencers intuyendo las prendas a través de la cámara del smartphone. Sin ir más lejos, en 2012 Philo pidió a los asistentes a su show (dos pases, con 70 invitados cada uno y un único fotógrafo) que no compartiesen instantáneas del evento en sus redes sociales. También desde las paredes de sus tiendas se ruega a los clientes no inmortalizar ninguno de los productos de la colección. Aunque ahora tenga más de 220.000 followers a los que nutrir de contenido, Céline no está dispuesta a traicionar su filosofía.

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Por eso decidieron dejar las cosas claras desde el principio. Una peluda pata de caballo Shire (una raza británica, como la propia diseñadora) saludaba a la inmensidad digital en la primera publicación de la marca. Ni bolsos, ni zapatos, ni complementos. Los objetos de deseo de la firma quedaron en un segundo plano en la primera toma de contacto con sus seguidores (aunque la pata bien podría ser un guiño a las chanclas peludas que tanto éxito cosecharon hace algunas temporadas). Una declaración de intenciones que sigue vigente en las otras setenta publicaciones que, por el momento, acumula el perfil. Es cierto que hay espacio para imágenes del desfile o de la campaña, sí, pero el núcleo duro del Instagram de Céline está formado por publicaciones que desafían las reglas de Instagram. La red social que nació con el propósito de compartir con el mundo imágenes preciosistas y cuidadas a golpe de filtro encuentra su antítesis en el perfil de Céline.

Mientras la masa se esfuerza por fotografiar comida apetecible como si fuera arte, la casa francesa captura un mejunje de pasteles despedazados. Donde otros apuestan por una modelo de proporciones áureas y poses inverosímiles, Philo sitúa a una mujer con curvas tumbada en la cama. Porque para la maison el verdadero lujo está en la imperfección, en una interpretación de la belleza en la que un bloque de cemento, una rueda o un interruptor resultan más interesantes que un objeto de deseo iluminado y encuadrado a conciencia. Por supuesto que Céline se ha hecho Instagram para ser más comercial, llegar al público y vender más. Pero no por eso parecen dispuestos a traicionar sus valores.

Una de las razones por las que Phoebe Philo dejó Chloé –firma que dirigió entre 2001 y 2006– fue porque “la casa tenía una estética muy definida que tenía que seguir. En Céline, sin embargo, tengo el control creativo al 100%”, confesó la diseñadora a Alexandra Shulman (Vogue) en una de las pocas entrevistas que ha concedido en estos años. Ese concepto creativo hace referencia a unos principios muy claros a los que no está dispuesta a renunciar ni en el mundo real, ni en el digital. “Creo que hay un mensaje político tras la firma: debemos enseñar a las chicas jóvenes a sentirse bien… No tengo ningún problema en ver a una mujer luciendo cualquier cosa siempre que la haya elegido por sí misma. Pero creo que hay demasiadas imágenes de mujeres sexualizadas y muchas que se visten para otras personas perdiendo su propio poder en el proceso”, declaró Philo durante el encuentro. Por eso su ropa, su imaginario y todo lo que emana de Céline desprende una sofisticación con alergia a la sexualización (solo hay que ver el propio uniforme de la diseñadora para entenderlo: zapatillas blancas, jerséis de cashmere y pantalones anchos). Su campaña para el próximo invierno da buena cuenta de ello: una joven sin rastro de maquillaje vestida con un anodino conjunto blanco, una mujer negra con pelo corto envuelta en una camisa masculina y una chica curvy en ropa interior, imagen seleccionada para representar la mujer Céline en su perfil de Instagram.

Sharing #celine #cake

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Wheel of Fortune #celine

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Céline también aplica en sus publicaciones el principio que rige sus colecciones, y que la ha llevado a ser una de las firmas más influyentes y copiadas de la industria: el feísmo. Al igual que Miuccia Prada o Martin Margiela, Phoebe Philo tiene la capacidad de convertir unas chanclas peludas, unos zapatos blancos abueliles o unas sandalias con medias en objeto de deseo y tendencia de la temporada. Lo que, de entrada, produce rechazo visual es en realidad una interpretación distinta de la belleza. Lo mismo que ocurre en su Instagram. Unas salchichas grasientas con puré, unas flores envueltas en papel reflectante o unas gafas de sol apoyadas en un bloque de arena que se desmorona son su particular forma de desafiar las leyes estéticas y dejar claro al mundo que, con Instagram o sin él, Céline no dejará de ser Céline.

Y en medio de la superficialidad y la obsesión por la perfección que gastan la mayoría de las firmas de lujo, el perfil de maison francesa es un oasis que invita a la ironía y el humor. La cuenta está dominada por una espontaneidad que la mayoría reservaría para algún Stories desenfadado y puntual pero que Phoebe Philo defiende como estandarte de su particular forma de entender la moda y su marca. Y en ese universo no hace falta seguir tropecientas cuentas (su marcador de ‘seguidos’ está a cero) ni generar likes fáciles. Mejor entretener a sus seguidores descifrando sus mensajes y dejándoles con ganas de más. Una pena que a título personal probablemente Phoebe Philo jamás estrene cuenta.

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