¿Por qué las mujeres no piden matrimonio a los hombres?

Solo el 5% decide pedir la mano a su pareja. La tradición se resiste a desaparecer.

¿Por qué las mujeres no piden matrimonio a los hombres?

Sandra Bullock pide la mano de Ryan Reynolds en 'La proposición'. Foto: Touchstone Pictures

Vale que la cosa con Britney acabara bastante mal. Y que Sandra Bullock lo hiciera en La proposición únicamente para evitar el destierro. Pero en el mundo real, también son pocas (muy pocas) las mujeres que se atreven a pedir matrimonio a su chico. El incremento de las parejas igualitarias no ha conseguido cambiar el último vestigio de la relación tradicional, que continúa cargando sobre el hombre la responsabilidad de declararse a su pareja en una abrumadora mayoría de casos. En un sondeo de Associated Press, el 75% de los hombres encuestados confesó que estaban de acuerdo con que la mujer tomara la iniciativa. Sin embargo, la experiencia real dista mucho de esta idea: solo en el 5% de las parejas heterosexuales casadas se había dado el caso. Es necesario abrir el debate acerca de quién tiene la culpa de que aún no haya paridad en este asunto. ¿Estamos ante una convención rancia que se resiste a desaparecer? ¿Es el anillo de compromiso la razón por las que muchas esperan que sea él quién dé el paso? ¿O tiene la culpa el cine y sus inolvidables declaraciones en lo alto de la torre Eiffel?

Podemos empezar el análisis examinando la expresión en sí misma: pedir matrimonio. La coach Amaia Agirre explica a S Moda que “proviene del latín matrimonium, que deriva a su vez de matrem (madre). Su significado, en origen, hace referencia al status jurídico de una mujer casada y la maternidad legal, el derecho a ser la madre legítima de los hijos de un hombre. Con esta connotación jurídica e histórica, no es de extrañar que se haya construido ciertos estereotipos en nuestra sociedad”. La psicóloga clínica y sexóloga, Silvia Sanz, se pregunta “¿por qué percibimos con normalidad que las mujeres den el primer paso para iniciar una relación, y no el continuarla con un compromiso como el matrimonio?”.

La normalización de la pedida femenina resuena con especial fuerza en los países anglosajones cada cuatro años. Existe una tradición machista que consiente a las mujeres pedirle matrimonio a los hombres solo en años bisiestos y que sigue vigente hoy día. “Hace un tiempo, y no tanto, podíamos percibir como desesperación o falta de feminidad que una mujer tomara la iniciativa al dar el primer beso, pedir salir o tener relaciones sexuales sin casarse”, señala Sanz. A pesar de que esto esté cambiando en la actualidad parece que todavía queda un largo camino por recorrer. Según Beth Montemurro, profesora de sociología en la universidad Penn State, “las mujeres no quieren ser vistas como masculinas, demasiado sexuales o ir demasiado fuerte. Y al mismo tiempo existe una preocupación en los hombres por parecer públicamente como poco viriles”.

Una mujer pide matrimonio de rodillas en esta ilustración de 1912.

Una mujer pide matrimonio de rodillas en esta ilustración de 1912. Foto: Cordon Press

Otra de las causas es la poca o deficiente exposición mediática de este tipo de casos. Katherine Parkin, profesora en la Monmouth University, declaró al New York Times que “no tenemos muchos ejemplos positivos al respecto. Aquellas que se han declarado han fracasado a nuestros ojos. Pink y Britney Spears lo hicieron, y sus matrimonios, o han acabado muy mal, o no comenzaron demasiado bien”. Las declaraciones de mujeres que hemos visto en la gran pantalla y perduran en nuestra memoria colectiva, como Julia Roberts en Novia a la fuga y Sandra Bullock en La proposición, cuentan además con detonantes de tal excentricidad que dificultan la normalización de la situación.

En este sentido, Agirre también señala nuestra capacidad para “filtrar la realidad en función de esas poderosas escenas cinematográficas y generar pensamientos distorsionados como ‘si no me pide en matrimonio, no me quiere’, ‘no está enamorado’, ‘no le importo, si no, se hubiera preparado una pedida de mano más original’”. La coach culpa a “la cultura dependiente que se ha creado de la mujer, paciente y pasiva, a la espera del príncipe valeroso que la salvará de permanecer solterona toda su vida”. Aquí también entra en juego la importancia que muchos siguen dando actualmente al anillo de pedida, que materialice en quilates el amor de una pareja. La joya, que tradicionalmente deben llevar ellas como símbolo de compromiso, puede influir en que la pedida de mano siga recayendo sobre los hombres y en algunos casos genera unas expectativas tan altas que, de no cumplirse, originan una nueva grieta en la relación.

Incluso las últimas generaciones parecen comulgar con esta costumbre. En una encuesta realizada por una universidad californiana, dos tercios de los estudiantes expresaron su deseo de que fuera el hombre quien se declarara. Ni un solo varón indicó que prefería que lo hiciera la mujer. Este pensamiento aún se relaciona con la idea de que es la mujer la primera que desea formalizar el vínculo y que, por tanto, si es ella quien hace la proposición de matrimonio, está presionando al hombre, tradicionalmente más esquivo con el compromiso. Parece que ellos mismos creen que es “su trabajo” dar ese paso, pese a los potenciales beneficios para su relación si no lo hicieran. “Podrían sentirse liberados, por miedos o timidez, y valorar el impulso de ella como señal de valentía y fortaleza”, apunta Sanz. “Supone una oportunidad de crecimiento, de replantearse qué es el orgullo y qué es la confianza en uno mismo. Desafortunadamente, se ha depositado en los hombres un gran peso de responsabilidad y expectativas sobre el papel que les corresponde desempeñar”, concluye Agirre.

El cambio de paradigma parece, como mínimo, aún lejano. La psicóloga Sanz “cree que llegar a normalizar la idea sobre que una mujer pida matrimonio a un hombre es solo cuestión de tiempo… si no se pierde antes el concepto en sí mismo”. “Si lo hiciera Taylor Swift podría comenzar una tendencia, pero ahora mismo, no es concebido como algo romántico”, explica Parkin. Confiar en que la joven estrella decida adherirse a esta moda parece un hecho demasiado arbitrario como para no abrir ya la discusión y esperar que muchas mujeres se sumen a ella. Y si es así, enhorabuena, el primer paso está solucionado. Ahora solo queda elegir alianzas, traje, ceremonia, dj, el sabor del sorbete antes de la carne (para ayudar con la digestión), y otro medio centenar de asuntos previos a pisar el altar. Nadie dijo que fuera fácil. Pregúntenle a Britney.

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