Jeremy Scott denuncia el culto a la fama

El diseñador de Kansas City analiza cómo «una estrella del espectáculo» como Trump ha logrado convertirse en Presidente gracias al voto de una parte de la sociedad que idolatra a los famosos.

Jeremy Scott denuncia el culto a la fama

La modelo Stella Maxwell luce el título de la colección de Jeremy Scott, 'As seen on TV'.

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Jeremy Scott creció en una granja del Medio Oeste, en Kansas City, Misuri, un Estado mayoritariamente republicano. Allí Trump consiguió el apoyo del 56,4% de los electores en las pasadas elecciones (con un total de 1,594,511 votos; 423.442 más que Hillary Clinton). Para Scott jugar con los arquetipos de su infancia es algo natural. Lleva años versionando el uniforme americano en sus colecciones: el denim, la estética cowboy, la música country… Entre sus favoritos esta temporada: el glamour del viejo Hollywood y el exhibicionismo decadente de Las Vegas. Sin embargo, esta vez, bajo los brillos y las plataformas, Scott ha dibujado una sátira (mucho más crítica) de la sociedad estadounidense. Inteligente, mordaz y agitador de consciencias, Scott utiliza la iconografía kitsch para lanzar un mensaje de protesta.

El título de la colección: As Seen On TV, «como hemos visto en la tele», en alusión a las noticias que más titulares han acaparado: la campaña política, la toma de posesión de Trump, la ceremonia inaugural… También las marchas programadas por todo el país como símbolo de los derechos de las mujeres.

“Por supuesto, la moda es una herramienta de denuncia”, afirma el diseñador.

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El punto de partida: «La situación política actual en Estados Unidos».

Sobre las referencias a Elvis y Jesucristo que hemos visto en la pasarela: «Para entender el triunfo de Trump es necesario analizar cómo esta sociedad rinde culto a la fama. Adoramos a las estrellas de Hollywood del mismo modo que adoramos a Jesús. Elvis (Presley), Michael (Jackson)… Tanta fe profesamos a los famosos –y en tan alta estima les tenemos– que hemos permitido que una estrella del espectáculo acabe dirigiendo este país».

Acerca de la pasarela como plataforma legítima para protestar: «Por supuesto, la moda es una herramienta de denuncia. Como diseñador quiero utilizar mi trabajo para alzar la voz en contra de la Administración. Porque no estoy satisfecho con el modo de actuar del nuevo presidente. Como ciudadano, no me identifico ni me siento cómodo con su política».

La denuncia del culto a la fama ha sido el eje central del desfile.

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Del sentimiento reivindicativo que ha unido a público y diseñadores en su lucha contra la política de Trump: «Me siento orgulloso de ver cómo tanta gente está alzando su voz, saliendo a la calle, por ejemplo, con un gorro rosa, intentando que se escuche su mensaje. Porque no gobierna la mayoría. No fue el voto mayoritario. Ni es el sentimiento mayoritario».

De su compromiso personal: «Mi familia luchó en la Guerra de Secesión y en la Guerra de Independencia. Soy descendiente directo del primer agente del servicio secreto que protegió a George Washington. Tengo todo el derecho a luchar por este país y por aquello en lo que creo. Porque mi familia lleva haciéndolo toda la vida. Es nuestro derecho».

Bajo los brillos y las plataformas, Scott ha dibujado una sátira de la sociedad estadounidense.

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