Violetta dice adiós

Disney la convirtió en su princesa latina y la encumbró como un fenómeno televisivo sin precedentes. Ahora, Martina Stoessel se despide de su personaje con una gira mundial.

Martina Stoessel violetta

Foto: Pablo Zamora

Viene rodeada de un séquito de asistentes y una parafernalia digna de cualquier diva que se precie, lo que contrasta con su apariencia menuda (encaramada, eso sí, a unas plataformas de unos 14 centímetros). Cuando el fotógrafo le pide que sonría menos intensamente, Martina Stoessel, Tini, bromea: «Me cuesta, ¡soy una chica tan Disney!». S Moda entrevista en exclusiva a la última estrella adolescente de la gran fábrica de sueños: la protagonista de la serie infantil Violetta, cuyas pegadizas canciones han desbancado a las del mismísimo Justin Bieber en búsquedas en YouTube, y cuyos vídeos, como el del tema Si es por amor, tienen más de 56 millones de visitas. A dos semanas de cumplir 18 años, la argentina está inmersa en una monumental gira (más de 70 shows por siete países) para despedir el programa, que acaba de emitir su tercera y última temporada en Disney Channel.

En la estela de High School Musical o Hannah Montana, Violetta ha sido una suerte de culebrón para prepúberes: «El de más éxito en la última década», afirma Graciela Padilla, especialista en ficción y realidad televisiva de la Universidad Complutense de Madrid. Ella califica de «logro destacable» que su personaje principal sea femenino. «Además –añade–, es una fórmula ‘blanca’, respetuosa, que cuenta con el apoyo de los padres». En España lo han seguido un 61% de las niñas de 9 a 12 años, rendidas a las melodías, las coreografías y «los ingredientes básicos de una telenovela: la solución de la otredad (la muchacha no sabe que su madre, fallecida, fue cantante); una trama que avanza despacio; y emociones empáticas de cualquier niño hacia la adolescencia». Es decir, el primer amor, echar de menos a un familiar, encontrar una vocación…

«Visto un capítulo, vistos todos», comenta Mercedes Medina, especialista en mercado audiovisual de la Universidad de Navarra, quien, por otra parte, no pone muchas pegas al formato: «Quizá, que presente un ‘mundo feliz’, falso, donde prima ser la más guapa y la que mejor canta». Sin embargo, los seguidores del binomio Tini-Violetta (más de un millón de tinistas en Twitter; más de seis millones en Facebook, en su mayoría féminas) la adoran –dicen– por su humildad: «Una vez me pidió que la disculpara con dos chicas a quienes no pudo pararse a saludar –cuenta Yanina, presidenta de su club de fans oficial–. Te trata como si no fuera famosa».

Aunque todo apunta a que siempre quiso serlo. Lo admite su padre y mánager, Alejandro Stoessel, un reputado productor en Argentina que la condenó al éxito al proponerla para un programa piloto. Cuenta la leyenda urbana que en Disney Channel lo rechazaron pero quedaron prendados de esta niña prodigio, siempre escoltada por su progenitor. «Realizan muchísimos estudios de mercado –opina Padilla–. Es raro que fallen». Pero no parecían prever sus dimensiones: el merchandising no salió hasta muy avanzada la emisión, a diferencia de casos como el de la película Frozen, de la que ya se vendían artículos mucho antes del estreno. De hecho, la compañía había dado licencias de Violetta que recuperó al comenzar una fiebre que ha derivado en doble disco de Platino para sus dos álbumes y una incipiente carrera para Martina, quien no acierta a concretarnos cuál será su siguiente paso en el Olimpo musical.

Martina Stoessel

Vestido de Natalia Antolín (c. p. v.); zapatos de Ricky Sarkany (c. p. v.) y anillo y pendientes de la artista.

Pablo Zamora

Tini y Violetta son lo mismo para mucha gente. ¿Qué ha supuesto para usted?

Empecé a los 13 años y pasé mi adolescencia haciendo el programa. Fue un sueño. Yo, desde chiquita, siempre soñé con cantar, bailar y estar en un escenario. Gracias a Violetta se cumplió y crecí muchísimo, con toda la gente que me estuvo arropando, profesional y personalmente.

¿Es difícil decir adiós al personaje?

Sí. Voy a llevar a Violetta conmigo toda la vida. La gente siempre la va a recordar, y yo feliz porque ella me dio todo lo que soy hasta hoy.

¿No le molesta que la llamen así?

No. Estoy acostumbrada.

¿Hacia qué estilo musical evolucionará su carrera?

No me voy a ceñir a un solo estilo. Me gusta el pop, el reggae, el hip hop, las baladas… Habrá de todo un poco.

¿Alguna vez imaginó que llegaría a ser una estrella internacional?

No, nunca. Ni yo, ni los de Disney, ni los de Pol-Ka [la coproductora de la serie], ni mis compañeros. El programa se iba a llamar Valentina, esperanza mía y fue la primera vez en la historia de la compañía que se hacía una novela de lunes a viernes. Nadie pensó que iba a tener tanto éxito, los nenes no están acostumbrados. Fue sorprendente. Y también era la primera coproducción entre Latinoamérica y Europa.

La gira Violetta Live pasa por Italia, Bélgica, Países Bajos… Es una locura, ¿no?

Estar aquí en España, hablándote a vos. Y que la gente te quiera tanto. Nunca en mi vida habría imaginado que Violetta sería tan querida en Alemania o Polonia. No te entienden ni cuando dices «hola», pero cantan las canciones. Hace poco hice un show chiquitito en Alemania. Me ponía a cantar cualquier tema y se lo sabían entero. No sabría decirte qué pasó. Sí, las canciones son increíbles y está buena la historia: resalta los valores, la familia, los amigos, el amor… Pero en todos los lugares que salió fue una locura.

En Estados Unidos aún no. ¿Le gustaría llegar a este mercado?

Esta última temporada interpreté un tema en inglés, Underneath, y a la gente le gustó. Seguramente haga algo con Hollywood Records, y sería increíble, pero ya estoy muy contenta con lo que tengo.

¿Le llega a abrumar la respuesta del público?

Eso no. Me emociona muchísimo. Quizá sí el estar expuesta desde tan chiquita. A veces es difícil que todo el mundo te conozca o que mientan sobre vos. Creo que a eso no me voy a acostumbrar nunca. Pero es así, es parte del juego.

La despedida de Violetta

Vestido de Natalia Antolín (c. p. v.); anillo Calista (79 €) y pendientes Christie (79 €) , ambos de Swarovski.

Pablo Zamora

¿Qué piensa de las redes sociales?

Son tus mejores amigas y pueden ser tu peor enemigo.

Sus padres han llegado a pedir respeto públicamente [a causa de una polémica en torno a su delgadez en una foto de Instagram].

Bueno, a veces mi papá se va del papel de productor y es mi papá. Imagínate, su nena de 16 años, ve que me pongo triste…

¿Cómo lleva las críticas?

Soy resensible. Trato de hacerme un poquito más fuerte todos los días, pero a veces duele.

¿Le ha dado su familia muchas charlas para evitar que se descarriara?

No, nunca hizo falta. Antes de Violetta yo ya venía con una educación y la sigo teniendo. No les preocupa. Tengo claro qué es lo que quiero hacer y cómo.

Ha dicho en alguna ocasión que siente que tiene que dar ejemplo…

Pienso en que los chicos que ven Violetta van a ser los próximos dueños del mundo y en lo que se transmite a través del programa, con las canciones y lo que yo hago. El artista tiene la oportunidad de lanzar un mensaje al mundo y hay que aprovecharlo.

Lleva un tatuaje que reza All you Need is Love. ¿Es fan de los Beatles?

No sé si soy fan, pero me quiero tatuar todas sus frases. Se refiere al amor en todos los sentidos: hacia uno mismo, tu pareja, tu familia, tus amigos, con el mundo.

¿Chica Disney con tattoo?

Imagínate. No les gusta mucho, pero cuando me saco el maquillaje del personaje, soy Martina.

¿Y se va sintiendo adulta?

De niña quieres verte así lo antes posible. Pero yo crecí muy rápido. A los 14 años empecé a estar con gente de 20 o más, a trabajar, a tener responsabilidades, madrugones, giras de nueve meses…

Violetta Martina Stoessel

Chaqueta y vestido de Natalia Antolín (c. p. v.); anillo Chrysalid de Swarovski (249 €) y pendientes de ella.

Pablo Zamora

¿Lamenta haberse perdido algo?

Cuando uno elige siempre pierde y gana cosas. Yo gané más de lo que perdí. No fui al colegio con mis amigas como hubiese hecho en una situación normal, y un montón de cosas más. Pero las sigo viendo cuando puedo, trato de llevarlas de vacaciones conmigo o, si ellas pueden, incluso se vienen a la gira.

Hace poco apareció en un programa argentino con un look muy sexy y bailando un tema de Beyoncé. Era otro nivel…

¿Te gustó? Nada que ver. Esta temporada tuve más tiempo y retomé las clases de hip hop. Hicimos una coreografía y cuando me llamaron del programa dije: «¿Puedo bailar mi ‘coreo’? Las fans ya me empiezan a conocer como Tini, el final de Violetta ya está grabado y después de la gira se acabó». Me pareció que sería algo lindo.

Es inevitable la comparación al cambio de Miley Cyrus tras Hannah Montana.

Me parece muy talentosa, pero yo quiero algo diferente.

Entonces, ¿no se asustarán las mamás?

Supongo que sí [se ríe], van a decir que todas terminan igual, pero no va a suceder.

¿Qué referentes tiene?

Siempre escucho a mi papá, en cada decisión que tomo.

¿Y qué la define como artista?

Siempre traté de transmitir amor, el ser feliz con lo que uno tiene y luchar por tus objetivos. Además intento mostrarme lo más normal posible y me parece que las nenas se sienten cercanas. Yo era una chica corriente que iba al colegio y mi sueño se hizo realidad.

¿De verdad se ve como una chica normal?

Sí. Lo que sucede es que la gente suele ver a los artistas muy producidos y siempre sonriendo. Parece que tengamos una vida perfecta. Pero yo tengo una vida normal, con cosas lindas y cosas feas.

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