“Cuando te haces mayor el cuerpo pasa a un segundo plano y por fin te liberas”

Caroline de Maigret es un icono atemporal que piensa que el estilo y activismo no están reñidos. Tampoco feminismo y seducción. Encuentro en exclusiva con la musa de Lancôme.

“Cuando te haces mayor el cuerpo pasa a un segundo plano y por fin te liberas”
Foto: Vittorio Zunino Celotto / Getty Images
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Va más allá del atuendo, el estilo nace del posicionamiento político y del compromiso. También de nuestras lecturas, del cine que vemos y de los conciertos y las exposiciones a las que vamos. Ese universo nos convierte en quienes somos y nos proporciona un aura», argumenta Caroline de Maigret en una suite del Hotel & Spa Le Roch de París. Su concepto de la estética la ha convertido en un icono atemporal, capaz de sobrevivir a los vaivenes impuestos por la dictadura de las redes sociales. La modelo, productora de música, bloguera y autora del libro Cómo ser parisina estés donde estés (ed. Roca), seduce a los canales tradicionales y a los online, con más de medio millón de seguidores solo en Instagram. Con el pelo suelto, su característico flequillo y unos jeans, nos recibe después de comer. No se salta el postre y a mitad de la charla, se levanta para servirse unos macarons de la mesa de enfrente.

En febrero cumplió 42 años y lo celebró con una frase en su Instagram: «La edad no significa nada, haz lo que desees cuando desees». ¿No le preocupa cómo envejece la imagen del espejo?

La edad no es mal negocio: las arrugas llegan cuando las prioridades cambian; a más años, más pasa el cuerpo a un segundo plano y por fin logras liberarte. Además, he tenido la suerte de envejecer mientras las mentalidades evolucionaban, ser mayor tiene otras connotaciones hoy.

Tal vez por eso se la vea cada vez más en su faceta de activista. En febrero, denunciaba en un vídeo la prohibición de Donald Trump de viajar desde siete naciones mayoritariamente musulmanas a EE UU.

Siempre lo he sido. Pero cuantos más fans sumo en Internet, más primordial se convierte la lucha por los derechos humanos y el feminismo. Antes, no existía un canal tan poderoso como Internet para movilizarse, ahora sí y hacer ruido se ha convertido en una responsabilidad.

Imágenes de la casa de la modelo incluidas en Cómo ser parisina estés donde estés.

Foto:

Cortesía de Roca Editorial.

Aunque tampoco se mete en la política de su país, Francia.

No en la letra pequeña, pero sí animo a la gente a que vaya a votar. No sirve de nada quejarse constantemente si no se ejerce ese derecho.

¿Cree que los jóvenes lo tienen más difícil para independizarse? Usted dejó la universidad y se mudó a EE UU con 18 años.

Más que la coyuntura –mis coetáneos seguían viviendo en casa de sus padres–, en mi caso influyó la naturaleza del mundo de la moda. Esta disciplina es una excepción; ofrece oportunidades únicas. Pocos oficios permiten emanciparse tan pronto. Además, facilita la posibilidad de aprender idiomas, viajar, conocer a artistas.

Su libro, publicado en 36 países, la ha llevado a conocer a fondo la personalidad de las mujeres de varios países. De las estadounidense afirma que son perfeccionistas y de las suecas, que les cuesta seducir porque su discurso es feminista. ¿Y las españolas?

[Risas]. Me pone usted en un compromiso… Me recuerdan a las parisinas. La diferencia: se subestiman; os falta echarle morro y tener autoconfianza. Las francesas somos más arrogantes, nos sentimos únicas y eso nos da independencia y libertad. Osar, atreverse a hacer lo que nos apetece cuando nos apetece es muy sexy.

Usted se ha atrevido a crear hasta un sello, Bonus Tracks Records, aunque la jugada no le salió demasiado bien. ¿Por qué no funcionó?

Coincidió con el auge de las descargas. Fuimos pioneros a la hora de colgar vídeos y temas online; todo era rápido e instantáneo. Las multinacionales empezaron a hacer lo propio y nos borraron del mapa. No podíamos competir. Otra causa; el rock es minoritario en Francia. Y la última: mi novio [Yarol Poupaud, guitarrista] y yo no somos empresarios. Nos intentaron comprar, pero temíamos perder independencia. Nos lo pasamos genial. Ahora recuperamos el proyecto. Los músicos han aceptado que las discográficas no venden; les interesa lo artístico, construir una imagen y eso lo hacemos muy bien.

Retrato de la también productora de música firmado por su pareja, el músico Yarol Poupaud.

Foto:

Cortesía de Roca Editorial

Su relación con Poupaud ha cumplido 13 años, según dice, el secreto está en seducirse cada día; ¿y les funciona incluso viviendo juntos? ¿Cómo luchan contra el tedio?

No dejo que me olvide. Si llego a casa y ni me saluda, lo freno. Me debe abrazar y besar en la boca con todo su ser. No soporto la frialdad. Necesito implicación. Lo bueno: nuestros trabajos son divertidos y nos motivan mucho, siempre tenemos historias interesantes que contar. Luego está nuestro hijo [Anton, 10 años], que nos da cotidianeidad.

Su última colaboración con Lancôme, una paleta de sombras y coloretes, expresa su visión de la belleza como un juego.

¿Parece un clutch o un cuaderno, verdad? Es muy parisino que no se note que uno se cuida cuando en realidad sí lo hace. He incluido mis sombras fetiche, gris, azul y plata, para un maquillaje 24 horas.

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