‘Sisu’, el efectivo remedio finlandés cuando la vida te golpea

Se trata de un término que engloba todo lo necesario para “tener agallas” en los momentos más complicados de tu existencia.

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Al igual que 'morriña' en España, el 'sisu' no tiene traducción, pero vendría a ser como tener agallas frente a las adversidades.

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Si algo nos ha enseñado la crisis es la “perseverancia frente a la adversidad” que tenemos los españoles. De hecho, se podría decir que los españoles tenemos mucho ‘sisu‘, aunque se trate de una palabra que se utiliza para definir el carácter de los finlandeses. Sisu es un concepto con el que se identifica al pueblo finlandés y que tiene toda una construcción cultural en torno al mismo. Aunque no tiene una traducción literal, sería algo así como tener agallas en los momentos más complicados. Sin embargo la palabra “sisu” esconde diferentes significados, que unidos, podrían llegar a ser incluso una nueva filosofía de vida, que nos ayudaría a salir fortalecidos de los momentos de crisis.

Perseverancia y estoicismo: La primera idea que queda clara del “sisu” es la perseverancia. Sobre esta idea la psicóloga Yolanda Cuevas, explica que es un valor difícil de encontrar en el mundo actual, “donde la impaciencia y la tecnología nos hacen quererlo todo ya”. Es por ello que no conseguir las cosas de forma inmediata acaba produciendo sufrimiento, sobre todo a las nuevas generaciones. En cambio, las personas con “sisu” son las que son capaces de perseverar con cabeza. “La perseverancia necesita de momentos de reflexión, de creatividad, que solo llegan si paras la máquina mental y das espacio a su reposo”. También supone trabajar la aceptación, que no la resignación, de las cosas que ocurren en el proceso. “Esta aceptación es clave para no dejarse llevar por la rumiación mental de emociones que se cronifican, restando energía y descentrando la atención de lo que sí funciona o depende de mí”.

Gestión del estrés: Para conseguir sobrevivir a una situación adversa, no solo hay que tener perseverancia, también hay que ser capaz de hacer una gestión de la ansiedad, ante la incertidumbre y el estrés. Sobre este punto, Yolanda Cuevas explica en primer lugar que, si bien el estrés puede activarnos en un momento dado, “vivir estresado genera sentimientos de descontrol, de saturación y de no ser capaz de afrontar el día a día. La vida se vuelve demasiado dura, grande y pesada y se pierde la capacidad de disfrute”. Esto es así porque, según la experta, el estrés es mecanismo que nos ayuda a centrar todos nos esfuerzos ante una situación difícil, activando nuestro sistema circulatorio, respiratorio o los músculos, pero desactivando, para compensar el esfuerzo, el aparato reproductor, el sistema inmune y el sistema digestivo. Es por todo ello que no hacer una gestión del estrés que produce una situación complicada que si alarga en el tiempo puede acarrear “problemas relacionados con enfermedades del corazón, contracciones o lesiones musculares, problemas respiratorios, problemas para dormir, problemas sexuales, problemas para concebir, problemas digestivos y relacionados con la comida, o diferentes enfermedades al quedarse el sistema inmune al descubierto”.

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Tres mujeres de una familia finlandesa, the Kittis, saltando en un lago helado después de su sesión de sauna en Minessota (EE UU).

Honestidad e integridad: Tener “sisu” no significa mantenerse en las trece pase lo que pase, significa hacerlo para defender nuestros valores y lo que creemos que realmente merece la pena. Es por ello que la honestidad y la integridad son también dos cualidades básicas, no solo con los demás, sino sobre todo, con nosotros mismos. “Actuar cómo se piensa y siente, para no llevar una doble vida, es tener calidad humana”, añade Yolanda Cuevas. Algo que parece sencillo, pero que en los momentos difíciles no todo el mundo consigue.

Capacidad de resolución ante los conflictos: Se da por hecho que una situación adversa en nuestra vida, bien sea una crisis económica, una enfermedad o la pérdida de alguien querido,  van a aparecer conflictos que deberemos de afrontar. Las personas con “sisu” son aquellas que no rehúyen los problemas, sino que les buscan soluciones. Algo que va unido a una buena inteligencia emocional, según Cuevas, ya que tal y como desarrolla, “el conflicto es parte de la vida y por ello es clave aprender a gestionarlo con mente y corazón”. Porque resolver conflictos no consiste solo en enfrentarse a ellos, sino que también supone saber tomar las mejores decisiones. Es por ello que la experta insiste en que “desarrollar la capacidad de percepción es clave para sumergirte en el iceberg de cada situación, ya que quedarse con lo que se ve aparentemente o a primera vista no ayuda, si no que condiciona”.

Resiliencia: Tener agallas en una situación crítica, no supone solo sobrevivir a la misma, sino saber recuperarse e incluso salir reforzado. “La resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado por ellas de manera positiva”, conceptualiza el también psicólogo Miguel Ángel Rizaldos. Es decir, que no es sino el proceso por el que somos capaces de adaptarnos de la mejor manera posible a la adversidad. Esto no quiere decir que no suframos o sintamos angustia, ya que “el dolor y la tristeza es algo natural en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas”. Por ello el resiliente, aunque sufre, es capaz de salir del sufrimiento pese a los obstáculos. El experto aclara, además, que “las investigaciones han demostrado que la resiliencia puede ser natural al ser humano, y no algo extraordinario. Así que todas las personas podemos desarrollar resiliencia en una situación extrema”.

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Esto también es echarle ‘sisu’ a la vida. ¿No tienes sauna en casa? Haz como ella, compra una portátil. La foto es de la revista ‘Life’ en 1962.

Ver más allá del momento: Algo así como entender que después de la tormenta llega la calma, incluso después de tormentas muy largas. Cuando estamos sumergidos en un problema, no podemos ver más allá del mismo, pero la persona con “sisu” sabe ver más allá de las cosas y de lo obvio para darle perspectiva a su situación o a su problema. Según Rizaldos, “muchas veces no podemos evitar que ocurran circunstancias negativas que no dependen de nosotros, pero sí podemos manejar la manera en la que reaccionamos ante estas. En este caso, se trataría de considerar que el presente negativo, según como vino, se irá”. Volviendo al refranero, también podría aplicarse a no perder de vista aquello de que: “No hay mal que 100 años dure”.

Pasión por los ideales y metas: Una persona con “sisu”, que se refuerza ante situaciones críticas, es la que tiene un verdadero convencimiento en lo que hace, o la que, dando un paso más, siente pasión por un proyecto o un ideal, que sigue defendiendo aunque las cosas se pongan complicadas. Sin embargo, Rizaldos aclara que para que la pasión no nos arrase, “hay que tener metas realistas, en relación con nuestros valores, con lo que queremos”. De esta forma, “se trata de hacer algo regularmente que nos dirija hacia nuestras metas, aunque en principio te parezca que es un paso pequeño. En vez de enfocar nuestros esfuerzos en objetivos que resultan muy difíciles, lo ideal es que consigamos centrarnos en las cosas que tenemos más probabilidad de lograr hoy y que se aproximen en la dirección hacia la cual queremos ir”.

Valentía y autoconfianza: Para afrontar todos estos retos, desde luego, parece claro que hay que tener otras dos cualidades claras. Ser valiente, que no implica no tener miedo, sino precisamente saber enfrentarlo, y tener autoconfianza, es decir, confiar en que somos capaces de enfrentar esos temores. Miguel Ángel Rizalos apunta a que “tenemos que buscar oportunidades para descubrirnos a nosotros mismos”, porque en las situaciones difíciles es cuando más se aprende de no solo de los demás, sino de nuestra propia persona. De esta forma, será cuando tengamos un mayor crecimiento personal. “Está demostrado que un porcentaje significativo de las personas que han experimentado tragedias y situaciones difíciles, han mejorado en el manejo de sus relaciones personales, han tenido un incremento en la fuerza personal aun cuando se sienten vulnerables, la sensación de que su autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida”.

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