El machismo (también) deprime a las españolas

Un estudio desprende que la falta de corresponsabilidad en las tareas del hogar y la división sexual del trabajo afectan a la hora de diagnosticar casos de malestar emocional, ansiedad y estrés.

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Monica Vitti en un fotograma de 'El desierto rojo'.

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Las barcelonesas se deprimen el doble que los barceloneses. Lo anunció la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) hace unas semanas en un informe: una de cada cinco ciudadanas (el 21,8%) está diagnosticadas con un cuadro de ansiedad o depresión mientras que los hombres apenas alcanzan el 11,9%. Además de enfatizar en el factor de que los trabajos no cualificados provocan más trastornos crónicos entre ellas (el 36% frente al 10% diagnosticado a las directivas de empresas), el informe reveló que las conductas sexistas en los roles de género arraigadas en este país (falta de corresponsabilidad en las tareas domésticas, situaciones de vulnerabilidad económica por la desigualdad laboral, entre otras) son factores que influyen a la hora de diagnosticar depresión y cuadros de ansiedad de las mujeres. “Existen evidencias de que hay desigualdades en la salud entre hombres y mujeres, y no solo por las diferencias biológicas, sino también por las desigualdades asociadas a los roles en el núcleo familiar y en el mundo laboral. Si bien las mujeres viven, de media, más años que los hombres, los indicadores de salud y calidad de vida de la mujeres presentan peores resultados: declaran un peor estado de salud, padecen más trastrornos crónicos y peor salud mental”, apuntaba el informe.

Lucía Artazcoz, directora de Promoción de la ASPB, también ha participado en el estudio Long working hours and health in Europe: Gender and welfare state difference in context of economics crisis (Trabajar muchas horas y salud en Europa: Diferencias de género y de estado del bienestar en un contexto de crisis económica). Un estudio realizado a 13.518 hombres y 9.381 mujeres  de los 27 estados miembros de la Unión Europea entre los 16 y 64 años, trabajadores cuya jornada oscilaba entre las 30 horas y las 60 horas semanales. La investigación pone el foco en cómo afecta a la salud mental de hombres y mujeres vivir en un entorno de recesión, con jornadas maratonianas de trabajo y en función de su tipología de Estado del Bienestar (en Europa hay cinco); pero además destaca cómo les produce mayor ansiedad a las españolas una realidad sociocultural sexista sin división equitativa del trabajo (pagado o no).  “En España predomina un patrón propio de países del sur y Mediterráneo, donde se promueve que la mujer dedique tiempo a tareas de cuidado y de tipo doméstico, en lugar de que contribuya con ingresos propios a capitalizar el núcleo familiar, y éste cubra el conjunto de necesidades (a menudo empleando a otras personas)”, apunta Artazcoz.

El estudio concluye que en España y otros países del sur de Europa “el estrés familiar financiero ha obligado a muchas mujeres a trabajar más horas para aumentar sus ingresos. Esto se añade a su alta carga de trabajo doméstico provocado por un sistema público mínimo de ayudas en el cuidado de los niños y la limitada contribución del hombre en las tareas domésticas”. Las mujeres han visto aumentada su carga laboral remunerada, pero sin modificar la carga de trabajo (machista) que arrastraban del cuidado del hogar. Factores decisivos en sus cuadros de ansiedad. “El tipo de empleo es fundamental, así como el reparto de horas totales de trabajo, sean estas remuneradas o no. Sabemos que en España, una mujer con una ocupación no cualificada tiene un riesgo 3,75 veces mayor de depresión o ansiedad en comparación con un hombre que esté en tareas de gestión o sea un profesional cualificado”, apunta Artazcoz.

Las amas de casa, cuyas tareas son las más invisibilizadas, son las peor paradas.En términos de salud vemos que entre mujeres que solo trabajan en casa y mujeres con empleos fuera, las primeras tienen en general peor estado de salud, al menos así lo vemos en Barcelona”, explica la directora de Promoción de la ASPB. La presumiblemente arcaica noción de que las mujeres friegan/cuidan y los hombres son los que traen el pan a casa sigue presente en nuestro país. “No se puede obviar que estamos condicionados por una división sexual del trabajo que aún hoy asigna a los hombres un papel protagonista en el mercado laboral y la vida pública mientras en la esfera doméstica y familiar atribuye a las mujeres la responsabilidad del trabajo doméstico y de cuidado y a los hombres el de sustentador principal del hogar, sobre todo en los países con modelos de familia tradicional como España”, destaca.

La brecha salarial en España es la sexta más alta de Europa. Las mujeres cobran, de media, un 18,8% por realizar el mismo trabajo que sus compañeros (según datos de 2014, UGT elevó la diferencia de salarios en Madrid en 2016 al 26%). A la brecha de género profesional hay que sumar cómo afecta psicológicamente a las mujeres las situaciones de sexismo cotidiano. Un estudio de 2015 desveló que situaciones como el acoso sexual y el callejero o la cosificación sexual y la violencia aumentaban la ansiedad de las mujeres. Antonio Cano, presidente de la Asociación Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), remite al estudio Depresión y otros desórdenes mentales comunes de la OMS y recuerda que el género femenino, a escala global, padece cuadros de ansiedad y depresión más elevados en todos los grupos de edad respecto al masculino. Mientras Cano sostiene que “ni el supuesto sexismo socioeconómico ni las diferencias biológicas de género son concluyentes” para confirmar por qué las mujeres se deprimen más en todo el mundo, sí destaca que las españolas padecen “un nivel de estrés más alto” que los hombres, mientras “los casos de suicidio son más frecuentes en el género masculino”.

¿Podríamos confirmar entonces que el machismo socioeconómico arraigado en nuestro país lleva a las mujeres a la depresión? Según Lucía Artazcoz, “hablamos de tener ansiedad o depresión, pero también malestar psicológico. Conviene matizar, ya que el diagnóstico de depresión tiene unos patrones muy claros, y a menudo, a nivel poblacional, no podemos ser tan específicos. La división sexual del trabajo marca claras desigualdades de género, ya que mientras el trabajo remunerado es reconocido socialmente y va acompañado de ingresos, el trabajo doméstico y de cuidado no es reconocido, es invisible y no está pagado, de manera que coloca a las mujeres en una situación desfavorecida que se asocia con problemas de salud, sobre todo de naturaleza psicológico y osteomuscular”.

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