¿De verdad es necesario llevarse el trabajo a casa?

Cuando no estamos en un pico de trabajo, llevarse tareas a casa puede ser una señal de desorganización o de un problema personal que intentamos tapar.

trabajo a casa

Distinguir lo importante de lo urgente es una buena táctica para desconectar cuando llegamos a casa.

Foto: Getty
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Nos quejamos de las largas jornadas de trabajo, de las jornadas partidas, de las horas extra y de cuando nos toca trabajar los festivos. Sin embargo, por desgracia, el tiempo que le dedicamos al trabajo no es solo el que estamos en nuestro puesto, sino también las horas que le dedicamos desde casa.

Miriam es maestra de primaria y, aunque mucha gente le insiste en la suerte que tiene con sus horarios, lo que no todo el mundo valora es el tiempo que dedica en casa a corregir ejercicios, exámenes o los ratos del fin de semana que dedica a preparar material o manualidades para su clase. En una situación parecida está Joaquín, que es periodista, y que al llegar a casa no desconecta, sino que sigue enganchado a las redes sociales, y que siempre está disponible para contestar un mail o para mandar un texto que la actualidad demanda con urgencia.

“Llevarse trabajo a casa es una práctica más habitual de lo que parece”, contesta Cristina Soria, coach personal y ejecutiva  www.cristinasoriacoach.com, que apunta que si bien “en gran parte depende de las profesiones, como pueden ser los profesores, periodistas, abogados y sobre todo los autónomos, también depende de las personas. Las horas que dedicamos en nuestro puesto de trabajo deberían de ser suficientes, aunque también es cierto que “en momentos puntuales, nos podemos ver obligados a alargar las horas en casa”, también lo es que “hay personas que por tapar otros aspectos de su vida, o por una falta de organización, siempre se acaban llevando el trabajo a casa”.

¿Por qué nos llevamos trabajo a casa?

Desde la perspectiva de la experta en psicología positiva de la Universidad Loyola de Andalucía, Ana Durán, “vivimos en una sociedad en la que el trabajo ocupa gran parte de nuestro tiempo, si unes eso a la exigencia de un mercado laboral cada día más cambiante y exigente, la fórmula final es casi un infinito al cuadrado”.

En este sentido reconoce que la crisis económica no ha ayudado a la situación, puesto que “las empresas han recortado sus plantillas y lo que antes hacían diez personas ahora lo hacen dos, lo que repercute claramente en la sobrecarga de trabajo, además de en los resultados”. De hecho, Durán insiste en que “en otros países europeos, toda esta casuística no es tan llamativa como en España, puesto que la mentalidad es muy diferente”. Así, según la experta, la diferencia radica sobre todo en que “no se trabaja con horarios cerrados, sino con una organización propia del profesional y sus objetivos. Cuando llegan las cinco de la tarde, llama la atención aquel que se queda trabajando, y no el que se va, como ocurriría aquí”.

Consecuencias negativas

Ana Durán narra, además, que en otros países “trabajar durante más horas o llevarse trabajo a casa es una clara señal de mala organización, se piensa que si no has terminado tu trabajo a tiempo es porque no has sabido organizarte”, lo cual sería una consecuencia negativa más que positiva para nuestro puesto de trabajo. Sin embargo, es cierto que “en nuestro caso pasaría todo lo contrario, porque tenemos una mentalidad muy arraigada del presencialismo, más que del trabajo por objetivos”.

¿Entonces cuál es la parte más negativa de llevarse el trabajo a casa? Cristina Soria responde que cuando la situación deja de ser puntual, y se prolonga, hasta hacerse una costumbre, puede derivar en “frustración, cansancio, queja, mal humor, estrés...”. Es por ello que insiste en que “hay que saber diferenciar y poner nuestras energías en lo que corresponde”. Al igual que cuando se trabaja se intenta dar el 100% es importante dar lo mismo de nosotros tiempo en nuestro tiempo libre. “Si además me comparo con los demás, y me gustaría poder hacer lo mismo que hace mi familia o mis amigos, el resultado es que me enfado conmigo mismo y con mi trabajo”, insiste Soria. Todo ello puede acabar precisamente en un hastío y desmotivación hacia nuestro trabajo, o que por lo contrario, acabemos tan centrados en el trabajo que “no dejemos espacios para el ocio y las relaciones sociales e interpersonales se vean mermadas y deterioradas”.

Evitar el trabajo extra

La primera idea sobre la que llama la atención Ana Durán es que, además del presencialismo que nos piden desde las empresas, el otro problema es la mala gestión del tiempo que hacemos por nosotros mismos. “Lo ideal es que el 20-30% del tiempo que dedicábamos al trabajo debía ser de planificación en sí. Antes de irnos a casa debíamos tener perfectamente planificado el día de mañana para comenzar a trabajar desde el principio al 100% y anticipando la prioridad a lo que podía esperar”, cosa que rara vez cumplimos. ¿Pero qué otras cosas podemos hacer para evitar llevarnos el trabajo a casa? Cristina Soria aporta algunos consejos al respecto:

  • Detectar por qué llevarnos siempre el trabajo a casa: Si la situación ha dejado de justificarse en un pico de trabajo y se ha convertido en una rutina, seguramente haya un motivo para que el tiempo de ocio lo pasemos trabajando. “Dar con él nos dará mucha información de una situación real que vivimos y que posiblemente queramos tapar. Trabajar sobre ello será fundamental, porque solemos ver la parte superficial del problema, pero ¿esto qué esconde?”
  • Aprender a organizar nuestro tiempo: Al igual agendamos el trabajo y ponemos alarmas para saber que es la hora de una cita, una entrega o una reunión, también es importante agendar el tiempo que nos vamos a dedicar para nosotros mismos. “Agendar es un trabajo en sí, que deberíamos hacer todas las semanas”.
  • Distinguir entre lo importante y urgente: Y sobre todo entre lo que no es tan importante. ni tan urgente. Muchas veces trabajar apagando fuegos nos hace ser desorganizados, por ello es importante que aunque todo reclame nuestra atención, seamos capaces de priorizar en qué centrarla en cada momento. “Seguro que hay cosas que podemos dejar de hacer o delegar”.
  • Comenzar a hacer lo que menos nos gusta: En ocasiones el tiempo se alarga porque hay una tarea que no queremos hacer y que seguramente nos exija mayor dedicación, por lo que si la dejamos para el último lugar, es probable que tengamos que terminarla en casa. Si la hacemos primero, el tiempo cundirá de diferente manera.
  • Detectar nuestros ladrones de tiempo: “Esas cosas con las nos distraemos o le dedicamos más tiempo del necesario: teléfono, emails, internet, reuniones largas que no llevan a nada…”, identificarlas nos puede ayudar a evitarlas. ¿Habéis visto ya esa caja fuerte que evita que cojamos el móvil hasta que no haya pasado el tiempo que hemos marcado? Puede ser de gran ayuda para estos casos.
  • Saber desconectar: Estar siempre pendiente del mail, incluso en tu escapada de fin de semana, coger siempre el teléfono aunque sea a horas intempestivas o disculparte en una cena romántica para hacer una llamada, no deberían ser nunca una costumbre. “Quizás sea preciso que aprendas a poner en silencio o a apagar el móvil cuando salgas de la oficina”.

 

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