¿Hasta qué edad se puede ser madre?

El caso de Daljinder Kaur, una mujer india de más de 70 años que había dado a luz después de ser fertilizada in vitro, reabre el debate sobre la maternidad tardía.

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Daljinder Kaur, la madre india que dio a luz a los 70 años.

Foto: Getty
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Según los últimos datos del INE de 2014, la edad media para tener el primer hijo supera los 31 años en las españolas, pero el 33% de los nacimientos son de mujeres de más de 35 años. El motivo de que esta edad sea la mejor para ser madre ya lo sabemos, que el papel de la mujer y el mercado laboral se han transformado de tal forma, que han cambiado las prioridades. Es decir, que si ahora los dos miembros de la pareja, antes de pensar en tener un hijo, necesitan ver asentada su situación profesional y económica; antes no se lo pensaban tanto. También, lógicamente, porque la mujer estaba en casa, y ahora en cambio, incorporada al mundo laboral, puede ver peligrar su puesto de trabajo si se queda embarazada en un mal momento para la empresa.

No solo una cuestión económica

Profundizando sobre este hecho, el primer número de Perspectives Demogràfiques, una publicación científica sobre demografía de la Universidad Autónoma de Barcelona, analiza las tendencias y posibles causas de infecundidad en España, explicando que no solo se trata de una cuestión económica. Así señala que “hay una falta de acuerdo y de correspondencia entre las expectativas de hombres y mujeres en el matrimonio. Sin duda, este aspecto está dificultando la formación de parejas estables y dispuestas a tener hijos en condiciones de igualdad”. A este respecto, el psicólogo Miguel Ángel Rizaldos aclara que, por tanto, otra de las causas para retrasar la maternidad y escoger la mejor edad para ser madre es que “existe una falta de compromiso en las parejas, es decir, que hay una escasez de estabilidad en la relaciones”.

Todo ello unido a “otro motivo importante como es la falta de una conciliación real, que hace que las mujeres se vean obligadas a dejar la maternidad en un segundo o tercer plano, en contra de lo que pueden ser sus deseos y expectativas”, aporta el psicólogo.

Un punto de vista biológico

El problema de los cambios sociales es que nuestra biología no siempre los acompaña. En este sentido, Juan Ordás, especialista en Ginecología y Medicina de la Reproducción en la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Vithas Nuestra Señora de América aporta que “la fecundidad de la mujer comienza a decaer después de los 35, sufre una caída mayor después de los 37 y es muy baja después de los 40”. Esto se debe a que, como apunta el especialista, existe un envejecimiento de los óvulos dentro del propio ovario. Todo ello, además, teniendo en cuenta que “los embriones derivados de estos óvulos tendrán un mayor número de defectos genéticos y menor capacidad de implantarse en el endometrio del útero”.

Es por ello que cada día mejoran las técnicas de reproducción asistida, e incluso hay mujeres, que previsoras, deciden congelar sus óvulos antes de los 35, para asegurar la salud de los mismos, y tener así la tranquilidad de buscar la maternidad en un mejor momento. Sobre la propia vitrificación, Ordás aporta que “es una técnica que se ha empezado a utilizar en los últimos años y que utiliza métodos criogénicos nuevos que permiten la descongelación de las células en condiciones óptimas, de tal manera que no hay pérdida de vitalidad del embrión”.

Mejor empezar en la treintena

Pero incluso cuando nos referimos a fecundación in vitro, se deben hablar de límites en la edad. Recientemente leíamos el caso de Daljinder Kaur, una mujer india de más de 70 años, que había dado a luz después de ser fertilizada in vitro, convirtiéndose en la madre más vieja del mundo. A este respecto, el ginecólogo clarifica que “la mujer, en realidad, biológicamente puede ser madre muchos años, lo que ocurre es que a medida que se cumplen años, los problemas y las dificultades se multiplican de forma importante”. Sin embargo, no todo tiene que ver con la biología de la madre. “Nosotros tenemos puesto el límite en la maternidad en los 50 años, pero no se trata tanto de buscar un límite en la mujer, sino de buscar un equilibro en el que también el niño que va a nacer cuente con unos padres jóvenes y sanos, porque a veces nos olvidamos de mirar por el niño que llega”, apostilla el experto.

Igualmente, aunque actualmente la edad media para una consulta de reproducción asistida está en torno a los 37 años, lo cierto es que no es lo mismo buscar ser madre a los 30, que entrar ya en los 40. Así, según datos del Centre Diseases Controland Prevention (CDC), los porcentajes de nacimiento de un hijo vivo en el primer ciclo de fecundación in vitro son de un 32% de 18 a 34 años, de un 25% de 35 a 37 años; 19% de 38 a 39 años; del 10% de 40 a 42 años; del 3% de 43 a 44 años y del 2% de 45 a 50 años.
Por otra parte, hay estudios, como el realizado por la Dra. Dolores Malaspina, directora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, que relacionaba la maternidad después de los 40 con un mayor riesgo de que el hijo padezca esquizofrenia o autismo.

Los pros y los contras de ser madre madura

Decidir que la mejor edad para ser madre es más tarde también tiene su lado positivo. Así lo explica Miguel Rizaldos que recalca que “las madres maduras suelen contar con una mayor estabilidad económica y emocional. Asumen menos conductas de riesgo y el hecho de tener estudios y una buena situación económica, supone que suelen ofrecer una mejor atención de la salud de los hijos”. Todo ello teniendo en cuenta que también son mujeres más sanas consigo mismas, ya que “habrán podido lograr mejor desarrollarse en todas las áreas de su vida: familiar, profesional y personal”. Por ello, si bien es cierto que una mamá joven tiene más energía, y una madre de más edad se cansará más, “probablemente, la segunda tendrá una vida más planificada y ordenada”.

En cuanto a los contras, hay que tener en cuenta las repercusiones que esto puede tener en cuanto a los vínculos de padres e hijos. Rizaldos señala que “puede existir una brecha generacional demasiado grande, que pueda causar una desconexión y mayor dificultad para que los padres maduros puedan entender el mundo de sus hijos, sobre todo, cuando lleguen a la adolescencia”. Por otra parte, “los hijos de padres mayores tendrán más probabilidad de perderlos antes y compartir menos tiempo con ellos”.

Sin embargo, la decisión de tener hijos no debe depender solo de nuestra edad o de la presión social y familiar. Sobre este tema, el psicólogo hace especial hincapié, puesto que “la decisión es responsabilidad de quien la toma y no hay que dejarse influir por el miedo a la soledad en el futuro y las presiones, sino realmente analizar lo que uno quiere, las razones para querer tener un hijo”. En este punto insiste en que tampoco debe usarse la paternidad para resolver una crisis de pareja, puesto que tiene a complicarlas, y que antes de tomar la decisión, es importante tener en cuenta a lo que debemos renunciar a nivel individual. Por último, apunta que “ser madre o padre es una opción; en ningún caso debe ser una obligación”, recordando que “se puede vivir y realizarse plenamente sin la necesidad de tener hijos”.

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