Por qué ya no volveremos a beber agua mineral como antes

Marcas solidarias y envases comestibles reinventan el modo de consumir agua embotellada, un bien tan preciado como escaso y contaminante.

Por qué ya no volveremos a beber agua mineral como antes

El español Rodrigo García está detrás de Ooho!, un envase biodegradable y comestible.

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Mientras que otros alimentos o herramientas que nos acompañan en nuestra rutina diaria son mejorados constantemente por la acción de la ciencia, la botella de agua convencional ha continuado petrificada en el tiempo. Con algún cambio en cuanto a diseño o sabores más o menos afrutados, lo cierto es que el consumidor parece dar por sentado que no hay mucho que mejorar al respecto. Agua, envasada, la bebes y punto. Ignorando por el camino no solo la cruel escasez de este bien en zonas subdesarrolladas sino el problema medioambiental que acucia a los aseados países ricos. Proyectos como el envase comestible de Ooho!, o Auara, una empresa 100% social que invierte todos sus dividendos en causas sociales, forman parte de una incipiente revolución en el sector del agua mineral que cambiará para siempre nuestra forma, y el significado, de consumirla. Agua, envasada, la bebes y punto (y seguido).

“Auara nació hace tres años y medio. Buscábamos una manera diferente de hacer cooperación sin depender de donaciones, generando nosotros un vehículo que financiase estos proyectos. Y qué mejor para ello que vender agua”, explica a S Moda Pablo Urbano, cofundador de Auara, la compañía solidaria que comercializa agua embotellada en España para llevarla a aquellos que no la tienen. En su página web ofrecen diferentes packs con envases de medio litro de agua proveniente de un manantial en León. Como cooperantes en países en vías de desarrollo, sus responsables dicen ser muy conscientes de la problemática que existe en el mundo al respecto; tanto a la hora de beber como por su vital importancia en sectores como el agrícola o el sanitario. “En este tiempo no hemos esperado a tener beneficios para financiar proyectos colaborando con organizaciones en el terreno, que tengan vocación de permanencia”, apunta. Entre sus acciones recientes, la perforación de un pozo en un colegio de Benín (en el África Occidental) y la dotación de baños con duchas a personas diagnosticadas con VIH, debido a la mala praxis de un curandero local, en Camboya.

Decenas de niños tendrán acceso a agua potable gracias al pozo financiado por Auara.

Foto:

Auara

Auara sigue el ejemplo en nuestro país de otras compañías solidarias que se han instalado como una alternativa a las marcas convencionales alrededor del mundo. La británica Belu ha donado desde 2011 más de dos millones de libras a causas sociales relacionadas con el agua. People, situada en California, destina un litro de agua a países en desarrollo por cada litro vendido. La australiana Thank You, con más de 5 millones de dólares donados hasta ahora, comercializa tanto agua como otros productos como muesli, lociones corporales o pañales de bebé. Desde Auara indican que la acogida ha sido “espectacular” y celebridades de primer orden como Paula Echevarría o Sara Carbonero han mostrado en sus redes sus botellas de manera desinteresada. Su compromiso es humanitario pero también medioambiental, convirtiéndose en la primera empresa de Europa que utiliza plástico reciclado en las botellas de agua mineral.

La cuestión medioambiental es una de las más acuciantes en el sector. La producción de una botella conlleva hasta tres veces su volumen de agua, solo una de cada cinco es reciclada y el resto tarda años (unos 700) en descomponerse, casi siempre, en el fondo de un océano desbordado por toneladas de residuos. Estas se han multiplicado por varios cientos en la última década y multinacionales como Nestlé buscan alternativas al tipo de plástico conocido como PET. “Los consumidores esperan una solución de bajo impacto en el medio ambiente y convencerse de que es posible una aproximación sincera y eco-responsable al problema por parte de una gran marca”, afirman en su web, ofreciendo financiación para proyectos que den con nuevos ciclos de vida para el producto.

Una de esas ideas innovadoras que buscan cambiar las reglas del juego podría ser la capitaneada por otro joven español. Rodrigo García González es el CEO y fundador de Skipping Rocks Lab, la startup londinense detrás de Ooho!, un envase biodegradable y comestible conseguido gracias a esa técnica culinaria, tan de moda en los concursos televisivos de cocineros, de la esferificación. Una membrana de agua redonda, sostenible y cuya elaboración podría realizarse de forma casera, que puede ingerirse en su totalidad o beberse a través de un agujero. Ooho! ha ganado varios premios de diseño a nivel internacional y la atención de medios de comunicación como The New York Times o The Guardian, y millones de internautas, que han convertido en viral su original modo de consumo. La comercialización del producto es inminente, después de una exitosa campaña de crowdfunding en la que han participado más de 600 inversores, consiguiendo hasta la fecha 700.000 euros.

La membrana de Ooho! puede beberse o ingerirse en su totalidad.

La industria del agua embotellada tantea también el terreno de la tecnología integrada en el envase o la adición de proteínas que hagan más atractivo su consumo, pero ninguna tan clave para el planeta como el aspecto humanitario y medioambiental. La revolución ya está aquí y las multinacionales se mueven empujadas por las ideas de los compañías más bisoñas. Jóvenes pero ambiciosas. Pablo Urbano nos confiesa que para 2020 el objetivo sería haber invertido dos millones y medio de euros en proyectos sociales, llevar agua potable a 50.000 personas y reutilizar plásticos de 90 millones de botellas. “Creo que sí estamos cambiando las cosas”, concluye. ¿Cambiará el consumidor?

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