James Deen, el actor porno que vuelve locas a las treintañeras

Las estrellas del cine X se han convertido en ídolos de masas capaces de seducir a todo tipo de públicos. Deen, con más de 1000 películas, da el salto al cine convencional de la mano de Bret Easton Ellis.

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El actor James Deen, la última estrella del porno.

Foto: Getty Images

James Deen es el clásico 'boy next door' de ojos azules y sonrisa perfecta que presentarías a tu familia con un anillo de pedida en el dedo como colofón al cuento de hadas que Hollywood nos enseñó a perseguir por encima de todo.

 

Pero sin conflicto no hay película que valga, y siguiendo el guión básico de cualquier comedia romántica al uso, tu historia de amor entraría en zona de peligro horas antes de la boda cuando alguien, posiblemente algún tío lejano al que ni siquiera conoces, se acercara a tu prometido para decirle aquello de: “Tu cara me suena”.

 

Una frase que daría paso a la típica escena de enredo que acabaría con todos los invitados escandalizados al descubrir que ese chico ideal es, en realidad, un actor porno con más de mil películas a sus espaldas. Pero no uno cualquiera, sino el más idolatrado por un sector de población tradicionalmente ajeno a esta industria: las mujeres menores de 35. Otra prueba más de que la imagen pública del cine X ha cambiado lo suficiente como para que en esa escena que planteábamos antes, de ocurrir hoy, fuera tu hermana pequeña la que descubriera el pastel y tu familia, en lugar de poner el grito en el cielo, estallara en aplausos al conocer la noticia.

 

Y es que James Deen es el último ejemplo, que no el único, de estrella del porno del nuevo siglo cuyo nombre conocen incluso los que no han visto ninguna de sus películas. Actores y actrices orgullosos de su profesión que conceden entrevistas en medios generalistas para hablar sin tapujos de su trabajo que, además, reciben el apoyo público de grandes nombres de la cultura, esenciales para elevar al ídolo a la categoría de mito.

 

En esta ocasión ha sido el escritor Bret Easton Ellis el encargado de anunciar en su Twitter que Deen será el protagonista de The Canyons, una película independiente dirigida por Paul Schrader de cuyo guión es autor y en la que el actor debutará en el cine comercial al lado de Lindsay Lohan. Una combinación explosiva que ya había sido probada con anterioridad por directores como Steven Soderbergh, que contrató a Sasha Grey para ‘The Girlfriend Experience’; John Waters, que juntó a Johnny Depp con la actriz Tracy Lords en ‘Cry Baby’; la francesa Catherine Breille, que incluyó a Rocco Siffredi en el reparto de ‘Romance X’; o Chritopher Honoré, que ofreció el papel protagonista de su último filme, ‘Hombre en el baño’, a la estrella del porno gay François Sagat. Algo más lejos queda el cameo del legendario Ron Jeremy en ‘Los Cazafantasmas’.

 

Está claro que la pornografía, cada vez más, camina por fronteras difusas, aunque para Erika Lust, pionera del cine para adultos enfocado al público femenino, la industria del sexo todavía esta lejos de ser considerada como algo mainstream. “Es cierto que la sociedad está más pornificada que nunca, pero el tabú no ha desaparecido”, explica desde Barcelona, sede de su productora Lust Films, desde donde escribe y dirige películas que huyen de los estereotipos machistas asociados a esta industria.“La influencia del porno en la cultura pop es indiscutible, pero sigue siendo su hermano feo, oculto y perverso, un mal inevitable”

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El actor James Deen junto a la actriz Lindsay Lohan

Por eso, según Erika, las estrellas del porno “se hacen populares porque se venden como superhéroes del sexo, no porque sean artistas con un talento especial. En el fondo no dejan de ser un producto de masas al estilo de Justin Bieber, gente cuyo éxito sólo es explicable dentro de una sociedad voyeurista que enciende la mecha de la fama con tanta facilidad como la apaga”.

 

El escritor Andrés Barba, autor junto a Javier Montes de ‘La ceremonia del porno’, premio Anagrama de ensayo en 2007, comparte esta opinión. “La pornografía es lo menos mainstream del mundo, ya que cada uno de nosotros está encerrado en la especificidad absoluta del tipo de porno que nos estimula, que es único para cada persona. Puede que en los países occidentalizados hoy nos relacionemos de una manera distinta con los trabajadores de esta industria, y por eso un actor o una actriz son personajes reconocibles por todos los públicos, pero esto no significa que tengamos carta blanca para colocar un cartel gigante de una penetración anal en la Puerta del Sol de Madrid. Ni lo desea el propio porno ni lo deseamos nosotros como consumidores porque si ocupara la esfera pública, la pornografía dejaría de ser efectiva”.

 

¿Significa esto que una presencia excesiva de esta industria en la sociedad podría resultar perjudicial hasta el punto de que, como un simple desnudo en la Edad Media, podría ser considerada en el futuro como arte erótico en lugar de pornografía? Para el fotógrafo Xevi Muntané, que lo mismo retrata a estrellas como Tilda Swinton, Victoria Beckham o Kylie Minogue que posa desnudo para controvertidos artistas como Bruce LaBruce, todavía estamos lejos de que esto suceda. “Yo el porno lo entiendo como una herramienta enfocada a la masturbación, por eso imagino que, aunque para mí tienen otras lecturas, habrá gente a la que mis fotografías les hayan resultado demasiado excitantes. Eso sí, tengo muy claro que si alguien se escandaliza con alguna imagen es su problema, no el mío”. Erika Lust confirma esta teoría. “El lugar donde se ubica esa línea que separa la pornografía del arte erótico está en el ojo del que mira. Lo mismo que algo muy hardcore puede ser sensual para determinadas personas, algo sugerente puede ser demasiado fuerte para otras. Es una frontera muy subjetiva”.

 

Está claro que por mucho que directores de culto contraten a la última sensación del cine X para sus películas, por muchos libros que escriban esas estrellas o por muchas exposiciones en galerías de arte que protagonicen con sus desnudos, la democratización del porno está lejos de ser tan general como queremos creer.

 

Al menos de momento, ya que el día que un desnudo frontal no le cueste a un actor su nominación al Oscar (dicen que ese es el motivo por el que la vertiente más conservadora de la Academia le negó la candidatura a Michael Fassbender por ‘Shame’), o que el número de seguidores en Twitter de Jenna Jameson, la actriz porno más famosa de la red social con casi 458.000 followers, se acerquen a los 11 millones de Lady Gaga, todo habrá cambiado. No lo suficiente como para hacernos ricos vendiendo nuestra colección de revistas al Museo Reina Sofía, pero casi.

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