Las túnicas y su legión de seguidores

Atemporales, mágicas, versátiles y excéntricas, las túnicas cuentan, hoy como ayer, con su legión de fans.

Demis Roussos

Demis Roussos debió parte de su fama a la túnica, que convirtió en su uniforme.

Foto: Cordon Press

Pueden imaginarse al cantante Demis Roussos vestido con traje de chaqueta y corbata y entonando «triki, triki, triiiiiki, triki», el famoso estribillo de su éxito Velvet Mornings? No, ¿verdad? Parecería un patán, un cantante griego de tres al cuarto, apto solo para salir en programas de televisión de cadenas locales los sábados por la noche.

Sin embargo, Roussos alcanzó fama mundial debido a dos factores: su voz y su inseparable túnica, tal vez el único vestuario que podía convertir a esta montaña humana, de rasgos hoscos, en un ser sensible, un bardo, un profeta, la reencarnación de un país hedonista –nació en Egipto, pero su origen y su cultura eran griegos– que canta y ríe por no llorar. Si hubiera una prenda con propiedades mágicas, esa sería la túnica, que funciona como las telas usadas por los magos que cubren una chistera y la transforman en florero. Tal vez por eso es el atuendo adoptado por los adivinos, como Rappel, en su afán de hacerse con un fondo de armario que conecte con el más allá.

La túnica es la prenda vintage por excelencia y entre sus propiedades paranormales está la de la versatilidad  y la convivencia de los contrarios: es antigua y moderna a la vez; regional y universal; clásica pero adoptada por los artistas y militantes de izquierdas. Tapa todo el cuerpo, pero no deja de tener un componente sexy al dejar a la imaginación hacer todo el trabajo –¿habrá algo debajo?– o insinuar, para los menos creativos, con tejidos semitransparentes o modelos con un sugerente hombro desnudo.

La túnica es también la forma más perezosa de vestirse y la menos fashionista, pero personajes a salvo de ser acusados de desaliño, como Bianca Jagger, Angelina Jolie, Prince y hasta el mismísimo Yves Saint Laurent, no han podido resistirse a sus encantos.

Las folclóricas, como Lola Flores, y los personajes de la jet set la adoptaron como uniforme veraniego en el Marbella loco de Jaime de Mora y Aragón, donde los hippies venidos de Goa convivían con los millonarios de los yates, y la prenda, haciendo uso de sus extraños poderes, servía tanto para pasar el día en la playa como la noche a bordo, en un entorno de lujo y exclusividad.

Las damas de la realeza árabe también han adoptado las túnicas, para ellas atuendo regional. La reina Noor de Jordania las emplea como trajes de noche en sus viajes oficiales y la princesa Lalla Salma de Marruecos las combina, en colores y bordados llamativos, con su desafiante melena roja al viento.

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