¿Practicaban tus abuelos más sexo que tú?

Varios estudios demuestran que la frecuencia sexual ha disminuido con respecto a décadas anteriores. Nuestros antepasados tenían más aventuras que contar pero nosotros, al menos, hemos ganado en calidad.

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Ursula Andress y Jean-Paul Belmondo en Up to his ears de 1965.

Foto: Everett Collection

Si la época actual, en materia de sexo, fuera una serie de televisión, ¿cuál creen que se acercaría más a la realidad? Empecemos con Mad Men, en la que hombres y mujeres parecen presos de una lujuria desmedida que no respeta ni el lugar de trabajo, y en la que el protagonista, Don Draper, no tiene tiempo ni energía suficientes para complacer a todas las chicas que se le insinúan abiertamente y sin tapujos. Tal vez pensemos que eso solo pasa en la ficción, pero para ponernos los dientes largos Jane Maas publicista norteamericana que vivió esa época –el equivalente a Peggy Olson en el mundo real, ya que empezó desde abajo y llegó a dirigir su propia agencia de publicidad– escribió no hace mucho un libro, Mad Women, la otra cara de la vida de Madison Avenue (Lumen), en el que separa mito de realidad. Tras reconocer que no se fumaba ni se bebía tanto como en la serie, confiesa: “El sexo no es que estuviera en el ambiente sino que se respiraba”. Sin comentarios.

En el lado opuesto estaría la serie Un hombre en casa. Ya en los 70 en el barrio de Eals Court, en Londres, los ánimos se han desinflado un poco, Chrissy, Jo y Robin, los protagonistas y compañeros de piso, tontean episodio tras episodio pero no se comen una rosca, por no hablar de los caseros, los Roper, un matrimonio entrado en años, en el que el marido hace oídos sordos a las demandas sexuales de su esposa. La serie originó una expresión muy utilizada por un amigo: “Aquí se folla menos que en los Roper”, decía para denominar cualquier ambiente poco propicio para el sexo.

Cronológicamente le toca el turno a Sexo en Nueva York, –otro conocido ingenioso sugería que sería más verídico hacer una serie titulada Sexless in the city (Sin sexo en la ciudad)–; aquí los guionistas parecen haberse inspirado más en la realidad y hay una de cal y otra de arena, días buenos y malos, épocas de abundancia y de escasez.

Los japoneses son los que menos días al año mantienen relaciones sexuales con 48 coitos anuales de media

Buscar estadísticas que demuestren si la frecuencia sexual ha aumentado o disminuido con los años no es fácil porque el interés por estos asuntos es relativamente nuevo. Durante años, solo las marcas de condones estaban dispuestas a hacer preguntas embarazosas a la gente, en parte para ver cómo podían incrementar sus ventas. Los informes Durex son la única referencia al respecto en nuestro país. El último, sobre Bienestar Sexual, del año 2012, se hizo a 29.000 personas de 36 países y, entre sus resultados, se deducía que el 73% de los españoles tiene sexo al menos una vez por semana, de ellos solo un 2% lo hace cada día, un 5% entre 5 y 6 veces por semana y un 24% dos veces cada siete días. Los colombianos parecen ser los que hacen el amor con más frecuencia, seguidos por indonesios, rusos y portugueses.  Si comparamos este informe de Durex con el del año 2007/08, vemos que un poco antes los españoles tenían una media de 118 encuentros sexuales al año, lo que significa 2,26 a la semana. En este estudio, los griegos están en primer lugar en número de coitos anuales (164), seguidos por los brasileños (145), polacos y rusos (143), mientras los japoneses ocupan el último puesto con solo 48 días de sexo al año.

El 1 de abril de este año la revista Pediatrics publicaba online un estudio del Guttmacher Institute, en EEUU, titulado Iniciación sexual, uso de anticonceptivos y embarazos en los adolescentes, en el que se echaba por tierra la teoría suscrita por mentes conservadoras de que esto se parece cada vez más a Sodoma y Gomorra. Según el trabajo de Lawrence B. Finer y Jesse M. Philbin, los adolescentes estarían comenzando su vida sexual a una edad mucho mayor que en el pasado. “Los medios de comunicación con frecuencia sensacionalizan el comportamiento sexual adolescente, pero los datos no apoyan esta teoría”, dice Finer en el estudio, y continúa, “los jóvenes esperan más para tener su primera relación sexual, usan anticonceptivos con mayor frecuencia y, por lo tanto, tienen menos posibilidades de tener embarazos que sus iguales de épocas pasadas”. La conclusión es rotunda: “La posibilidad de actividad sexual entre adolescentes de cualquier edad –en nuestros días– es menor a la de cualquier momento de los últimos 25 años. Lo que quiere decir que la gente no solo comienza su actividad sexual a una edad mayor, sino que lo hace con menor frecuencia”. 

Rebuscando datos en Internet encuentro una declaración hecha en 2003 por John Bancroft, director por aquel entonces del Kinsey Institute en la Universidad de Indiana, toda una autoridad en investigaciones en materia sexual. Bancroft decía que “la gente no tiene tanto sexo como solía tener”, con motivo de un estudio que se hizo, en el que ponía de manifiesto la disminución de la frecuencia sexual en las parejas con respecto a los años 50.

¿Nos estamos acercando a la filosofía de vida de los Roper o se trata solo de un periodo de vacas flacas que llegará algún día a su fin? Victoria Romero, sexóloga y pediatra de la Fundación Sexpol, en Madrid, se muestra un poco escéptica con la metodología de estos estudios. “Primero habría que definir qué es una relación sexual y la mayor parte de las veces, en cuestión de estadística, se entiende por coito, lo que no es del todo cierto. No sé si habremos bajado en frecuencia, imagino que sí desde la crisis, ya que los recortes también han llegado hasta aquí, pero la sexualidad femenina ha ganado mucho en calidad, con respecto a la de nuestras madres, y la de los hombres, también. Ahora cada uno es responsable de su placer y sus orgasmos”.

Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, sin datos concretos pero con años de experiencia como terapeuta, se inclina a pensar que es probable que tengamos menos sexo que antes, pero la calidad es mejor. “Nuestras madres, y mucho más nuestras abuelas, no podían decir que no, por eso se inventaban eso de que les dolía la cabeza y los hombres usaban el sexo como una forma de descarga y de relajación tras un día de trabajo. Es fácil que en los años 50 o 60 las parejas españolas lo hicieran 2 o 3 veces por semana. Hoy se deja para el sábado, el resto de los días estamos demasiado cansados. El estrés ha sustituido a la moralidad como impedimento para disfrutar más del sexo, lo bueno es que la mayor parte de la gente es consciente del problema y hace por solucionarlo”. 

Tal vez nuestros abuelos tenían relaciones más frecuentemente pero la vida sexual se ha alargado, como mantiene Santiago Frago, experto en Sexología y director médico del Instituto de Sexología Amaltea, en Zaragoza. El centro ha mantenido hasta febrero de 2012 una asesoría sexológica para mayores de 65 años. “La media de edad de las personas que acudían a consulta era de 73 años”, comenta Frago. “Tal vez ahora haya menos cantidad de encuentros pero hay más diversidad, tenemos más parejas antes de dar con una estable y eso nos permite comparar, experimentar y mejorar”.

Tenemos más herramientas pero nos falta tiempo, tal vez debamos hacer como en Mad Men y, puesto que nos pasamos la vida en la oficina, empezar a incorporar el sexo también en el trabajo. Si alguna vez he querido ser jefa, además de por ganar mucho más, es por tener un despacho como el de Don Draper con minibar, ropa limpia para cambiarse y un enorme sofá donde pensar, y hacer infinidad de cosas, en posición horizontal.

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