Roger Federer: "Lo que inspira a un diseñador es lo mismo que a mí me hace jugar"

Ha llevado el dandismo al deporte y ahora es el nuevo embajador de Moët & Chandon.

Federer

 

Lo que más sorprende a quien nunca ha visto en persona a Roger Federer es que se trata de un tipo mucho más alto de lo que parece en la cancha de tenis. También es delgado, esbelto y elegante. «Cuando era joven tenía la sensación de que eran lo trajes de chaqueta los que me vestían a mí. Como se ve en estas fotos, ahora ya no me pasa», cuenta a S Moda ante unas instantáneas que le ha tomado el mítico fotógrafo Patrick Demarchelier para su nueva tarea vital, convertirse en el embajador mundial de la firma de champán Moët & Chandon. Sucede en la misión a Scarlett Johansson, pero no se siente intimidado en absoluto. «Para mí tiene todo el sentido del mundo ahora mismo. Han estado presentes en los momentos más emocionantes de la vida de muchas personas y llevan 80 años en el mundo del deporte. Si me lo hubieran propuesto hace una década, me habría chocado, pero ahora tengo muchas cosas por las que brindar. No solo por las victorias, también por las derrotas. Perder en una final no significa que hayas hecho un mal campeonato; más bien al contrario. Después de todo, has llegado hasta ahí».

El optimismo de Federer es contagioso. Y de su supuesta timidez no hay ni rastro. «Al principio de mi carrera tenía bastantes problemas para hablar con la prensa. Veía a los periodistas y pensaba que estaban ahí para hacerme pedazos. Cuando escriben cosas incorrectas sobre ti es porque no te conocen. Pero si le das la oportunidad de comprender quién eres, deja de haber malentendidos». Alguien le dijo una vez que los medios son en realidad un puente para llegar al mundo; se lo tomó en serio y decidió cruzarlo. Y no solo hacia la prensa deportiva. En 2004 apareció en un editorial de moda de Vogue USA, fotografiado por Demarchelier. «Consigue que todo parezca fácil. Y cuando tiene lo que quiere, no marea ni le da vueltas. Es genial trabajar con él». Pero en esa experiencia ganó otra lealtad inesperada: Anna Wintour. La editora de la revista es una de sus más acérrimas fans. Con el paso de los años se ha convertido también en confidente y amiga. «Anna lleva 30 años jugando al tenis cada mañana; tenemos mucho en común. Nos hemos ido encontrando por el mundo durante todo este tiempo y siempre ha sido una gran apoyo para mí y para mi familia. No podría estar más agradecido por su amistad». Wintour le organizó este verano una exclusiva fiesta de cumpleaños tras el US Open. «Me hizo una tarta deliciosa», recuerda. Y probablemente le aconseje sobre moda. Porque a Federer tampoco le da reparo confesar que le encanta la ropa. «Soy consciente de que no puedes aparecer siempre con la misma camisa blanca o el mismo jersey azul.

Roger Federer

Roger Federer: "Cuando era joven tenía la sensación de que eran los trajes de chaqueta los que me vestían a mí"

Foto: Gtres

Forma parte de tu figura pública y tienes que cuidarlo». También le gusta ir de compras, aunque asegura que quien mejor le elige la ropa es su mujer. «No sé cómo lo hace. No es raro que acierte con el estilo, porque sabe lo que me gusta, pero que nunca se equivoque con la talla es algo que no deja de sorprenderme». Explica que vestía mucho de Prada al principio. Luego incorporó Dolce & Gabbana, Gucci y Louis Vuitton. «Ahora me gusta descubrir nuevos talentos y mezclar estilos. Todavía me resulta sorprendente el esfuerzo creativo que le supone a un diseñador poner en pie dos colecciones al año». Y tiene la sensación de que ese proceso se parece mucho a lo que le mueve a él a competir en la cancha. «Es curioso, pero cuando les escucho explicar de dónde surge su inspiración, de alguna manera se parece mucho a cómo me siento yo cuando juego».

La temporada de competición, que empieza en enero y termina en noviembre, le lleva a cruzar el planeta todos los años. Lo hace con toda su familia a cuestas: su mujer Mirka y sus dos gemelas de tres años y cuatro meses. Y aunque reside oficialmente en Suiza, la parte más dura de su entrenamiento la realiza en Dubái, su «segunda base». Ahí batió al calor y la humedad, que restringían su juego al principio, y ahí ha querido hacer oficial su nueva relación con Moët & Chandon. Todo con una franca sonrisa de oreja a oreja, como si ser el número dos del tenis mundial apenas costara.

¿Habrá algo que consiga enfadar a Federer? «Antes me sacaba de quicio viajar y dar con esas personas que sabes que no volverás a ver y que te lo ponen todo difícil sin ninguna razón». Pero hay otras cosas que le hacen feliz. Cita el nacimiento de sus hijas. Y su boda. «Llevábamos años juntos y, sin embargo, no me podía creer lo mucho que me gustó casarme». Y ganar; eso también. «No es solo emocional, se convierte en una sensación física que recorre tu cuerpo. Es impresionante».

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