"Menuda estupidez de artículo", o cómo los comentarios de Internet moldean las opiniones

Un estudio demuestra que cuanto más insultantes sean los comentarios en el periodismo online, más pueden influir en el juicio de los lectores.

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¿Anonimato sí o no? La serie 'The Newsroom' ha abierto el debate sobre la necesidad de acreditar la autoría de los comentarios en prensa online

Foto: Everett Collection

"¿Quieres participar en la discusión? Bien. Quiero saber tu nombre, edad, oficio y tu nivel educativo […] El anónimo es un cobarde. A no ser que seas 'garganta profunda' o estés en un programa de protección de testigos, el anonimato es igual a cobardía". Con estas sentencias, y en un pim pam, el ficticio Will McAvoy de la serie The Newsroom pretende "arreglar Internet", exigiendo que se acredite la identidad de los autores de los comentarios de su web, y por ende, conseguir que los trolls se alejen de sus dominios.

Sentimos comunicar a Aaron Sorkin que el controvertido avance al que apuntó en la primera temporada de la serie de la HBO no pilló desprevenido a ningún editor online. La caja de pandora lleva muchos años abierta y el debate sobre los perjuicios que el trolling (publicar mensajes irrelevantes, insultantes, que desacrediten al periodista y que puedan llegar a desviar la conversación hacia los propios intereses del troll) acarrea sobre el periodismo online es tan viejo como el mismo Internet.

Mucho se ha hablado, escrito, y comentado sobre este fenómeno. Se ha diseccionado su sociología, se han desenmascarado celebérrimos artistas del trolleo con polémica cual reality televisivo y hasta Charlie Kaufman ha escrito un guión cinematográfico sobre el fenómeno, pendiente de estreno. Lo que hasta ahora desconocíamos era cómo esos comentarios negativos podían moldear las opiniones de los lectores e incluso influenciar en su opinión sobre lo que acababan de leer. Así lo defiende un reciente estudio publicado en el último número del Journal of Computer-Mediated Communication (vía columna de opinión en The New York Times), que midió las consecuencias del 'nasty effect' (o el efecto desagradable) de los comentarios online sobre los lectores.

La investigación tomó como muestra a 1.183 personas que tenían que leer "cuidadosamente" una noticia de un blog ficiticio, que explicaba los riesgos y beneficios de un nuevo producto tecnológico llamado Nanosilver, formado por partículas que tenían los mismos riesgos (contaminación sobre el agua) que beneficios (propiedades antibacterianas). Los lectores tenían que leer el texto y los comentarios que había en el post. La mitad de la muestra leyó comentarios educados (que podían estar a favor o contra del Nanosilver) y la otra mitad comentarios ofensivos. ¿Los resultados? Mientras que los lectores de comentarios respetuosos no cambiaron su opinión inicial, los comentarios ofensivos "polarizaron" la opinión de los lectores, consiguiendo además que muchos de los participantes cambiasen la interpretación de la noticia que habían tenido en la primera lectura.

"Los comentarios han proporcionado nuevos caminos a los consumidores de noticias a la hora de reflexionar sobre los temas, y la negatividad en esos comentarios llama su atención. Justo igual que en la vida offline, la gente presta más atención a las cosas que se dicen que a los hechos y los contenidos. Los tonos negativos y controvertidos, además, suelen llamar mucho más la atención de la gente", explica a S Moda una de las investigadoras del estudio, Ashley Anderson. Para esta doctora del Center for Climate Change Communication de la George Mason University (Virginia, EEUU), "exponerse a la opinión de los trolls puede polarizar la percepción de los lectores, pero esta misma exposición se volverá más común en el futuro, y las plataformas para discutir cambiarán y mejorarán, por lo que es importante que cultivemos discusiones saludables".

¿Habilitar comentarios en los posts es la mejor vía para discutir un tema? En Microsiervos opinan que no. En su web llevan siete años con los comentarios cerrados. "Internet es una plaza pública donde todas las opiniones tienen cabida, pero no necesariamente en todos los sitios, ni cuando a cualquiera le apetezca. El que quiera hablar de algo puede crear un blog. O usar un foro, o decir cosas en Twitter. A nosotros nos gustan las 'fiestas' como a cualquiera, pero por cuestiones de dedicación o tiempo preferimos no hacer las fiestas 'en casa'; a veces ocurre que las fiestas se te 'desmadran'. Aparece gente para reventarlas o sencillamente no tienes tiempo de organizarlas como querrías. Actualmente hay otros sitios más convenientes para conversar al estilo 'plaza pública'. El más obvio es Twitter, también Facebook y otras redes sociales", explica Álvaro Ibañez (Alvy), unos de sus fundadores.

Para Ibañez, que afirma "vivir mucho mejor y mucho más relajado" desde que deshabilitaron los comentarios de Microsiervos, la tendencia, irá al alza. "Tanto en EEUU como en España, en los últimos tiempos bastantes bloggers más (sobre todo los veteranos) se han apuntado a cerrar los comentarios ya por aburrimiento, hartos de spam, trolls, problemas de moderación, etc.", cuenta. "Nosotros no tenemos mucha nostalgia de la interacción, porque con la gente más cercana seguimos intercambiando mensajes. Eso es lo más importante: habernos ahorrado el spam, las pérdidas de tiempo y las molestias diversas. Con las mejores aportaciones a veces actualizamos los posts para mejorarlos o añadir datos; esa era la idea original de tener comentarios, y en ese sentido esas otras formas son igual de útiles", sentencia.

El bloguero Mikel Iturriaga, aka El Comidista, no comparte la opinión de Ibañez. "Siempre a favor de los comentarios. Son la sal de un blog, aunque a veces escueza. Para mí son una forma fantástica de saber qué piensan mis lectores de lo que escribo. Moderación, pues lo que quiera el bloguero. Por un lado es siempre conflictiva, pero por otro elimina morralla: no sólo insultos, sino spam, publicidad pelmaza y opiniones que no aportan nada. Yo aplico criterios de moderación bastante relajados, porque entiendo que los comentarios no son parte de mi contenido: es lo que se dice en la plaza del pueblo o en el bar sobre lo que escribo. Y mi blog desde luego no sería el mismo sin ellos: sería peor, más aburrido y menos participativo" apunta. Iturriaga, al que sus trolls le han dedicado un espectro inabarcable de perlas ("la pregunta sería qué NO me han llamado; para algunos lectores he sido amigo de ETA, comunista, derechista..."), confía en el juicio del lector. Con comentarios negativos o sin ellos. "Las opiniones ajenas influyen, desde luego. Pero supongo que el lector que importa es el que tiene el suficiente cerebro como para formarse su propia visión de lo que dices en el post. Si los trolls manipulan o dicen mentiras, lo que hay que hacer es contestarles con calma, datos y sentido del humor, no metiéndote en su terreno de descalificaciones y exabruptos. O mejor aún, contar con lectores fieles que les contesten".

"Menuda chorrada de artículo", "el/la periodista debería haberse informado más antes de escribir esta estupidez", "la becaria que aprenda a escribir", o "con la que está cayendo... (rellene con cualquier exabrupto)" son algunos de los Greatest Hits del trolleo en esta web, que definitivamente no sería la misma sin la mirada crítica, correctora, a veces acertada y otras totalmente desafortunada, de sus activos lectores.

La columnista de estilo de The Guardian, Hadley Freeman, aportó en su columna el toque irónico y ofreció una solución a la lucha contra el trollismo para "salvar al periodismo": "Podría operarse por escalas. Se pagaría una libra por un comentario razonado e inteligente, tres libras por un comentario que se escriba sin haber leído el artículo, cinco por un comentario que se queje de 'por qué el artículo de Robbie Williams no trata sobre Libia' y diez para los trolls que nunca descansan. Así, no sólo los periodistas se beneficiarían, los hilos de comentarios, demasiado dominados por los trolls, también. Y si el troll persiste, al menos estaremos haciendo dinero".

En S Moda no nos planteamos esa posibilidad, aunque alguna (remota) vez hayamos soñado con ella. Así que siéntanse libres y tecleen el "menuda estupidez de artículo" que reza el titular en la sección de comentarios que tienen un poco más abajo. Quizá algún lector se alinee con usted tras leerlo.

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