Lana del Rey: "No hay nada más auténtico que yo"

La cantante se defiende de las críticas y asegura que hace lo que quiere y que no le importa que la llamen antifeminista.

Lana del Rey

Lana del Rey con un collar del diseñador español Andrés Gallardo.

Foto: Simon Emmett

Mae Murray fue una actriz de cine mudo conocida en los años 20 por sus labios voluptuosos, como «picados por una abeja», según reza la expresión en inglés (bee-stung lips). Actriz, cantante, columnista y productora, en realidad se le conoció más como «escaladora» social. Se casó cuatro veces, la última con David Mdivani, un georgiano que se hacía pasar por príncipe y que la arruinó. En sus últimos años se arrastró por los clubes nocturnos, oculta bajo capas cada vez más espesas de maquillaje, y murió en la pobreza absoluta.

El fotógrafo inglés Simon Emmett, autor de la portada y de las fotos de este reportaje, le cuenta a Lana del Rey la vida de Murray y le muestra una grabación en celuloide coloreado en la que la actriz se contonea, más letárgica que lúbrica, y le lanza un beso a la cámara. Emmett ha acertado. El vídeo no puede ser más Lana. Y la cantante se entusiasma. «¡Soy yo!, ¡Soy yo!», exclama, con esa voz-ronroneo que se instala en la cabeza de todo el que escucha la canción Video Games por primera vez.
Parece cuestión de tiempo que Murray aparezca en alguna de las canciones o de los vídeos de Lana. Porque la artista, nacida como Elizabeth Woolridge Grant hace ahora 25 años, da la impresión de actuar las 24 horas del día como directora creativa de sí misma: CEO de Lana del Rey Enterprises.

En menos de un año, ha protagonizado el salto a la fama más vertiginoso que se recuerda, una fábula contemporánea retransmitida en tiempo real en YouTube, tuits, virales y comentarios online.
Cuesta creer que esta chica menuda y amable, vestida con vaqueros, camiseta de tirantes y mocasines sleepers, y a la que su equipo parece adorar, genere tanta conversación. Del Rey pasó menos de dos días en Barcelona, a donde volverá el 15 de junio para actuar en el Sónar. Aprovechó para visitar el parque de atracciones del Tibidabo. Muy Lana, con sus figuras desconchadas y sus cacharritos vintage.

Otras cosas que son muy ella: los años 20, los 40 y los 60, Mulholland Drive, las barras y estrellas, Elvis Presley, el hip-hop blanco, Mazzy Star, Miami, el oro, las pestañas postizas, las piscinas de Los Ángeles y las uñas extralargas. Todo conforma una estética neonostálgica que parece pasada por un filtro de Instagram. No es casual que su meteórico acceso a la fama haya coincidido en el tiempo con el auge de esta red social de fotografías instantáneamente antiguas, calculadamente cool.

El pop ha sido y es postizo por definición –lo es hasta cuando quiere ser el epítome de lo sincero, como en el caso de Adele, el reverso de Lana del Rey en materia de este tipo de fenómenos musicales–. Sin embargo, a la cantante le persigue el debate de la autenticidad. Los foros cuestionan que haga sus vídeos, que sus labios sean reales, que no es verdad que viviera en un trailer park (un barrio pobre de viviendas-caravana) ya que su padre es millonario y que su nombre no es auténtico.

El crítico del New Yorker, Sasha Frere-Jones, escribió que las letras de Lana del Rey parecen provenir «de los Post-it en una reunión del departamento de marketing». Cierto. Y no solo las letras, también esas definiciones que ella hace de sí misma, perfectas para un titular: «Nancy Sinatra gangsta», «Lolita perdida en el barrio». Pero también es muy posible que ese departamento de marketing tenga un solo miembro, que es la propia Lana del Rey. Viéndola escoger qué ropa está dispuesta a ponerse («solo piel y pájaro para la portada», dice, enamorada del collar de porcelana del diseñador español Andrés Gallardo) y hablar utilizando conceptos como hacen los publicistas –«quiero que quede muy princesa-muerta-de-Mónaco»–, quedan pocas dudas. Puede que Lana del Rey sea un producto –¿y qué si lo es?–, pero ella es también su propio doctor Frankenstein.

Lana del Rey

Lana lleva vestido de Salvatore Ferragamo, pendientes de Hélène Zubeldia.

Foto: Simon Emmett

¿Le atrae la moda?

Lo mío no es tanto una relación con la moda como una relación con la cultura visual. En esta sesión fotográfica pensé: fuera los tacones, fuera las joyas, que sea solo yo y el cielo azul detrás. Esas son las cosas que me inspiran, los fotógrafos y el cine. En mis letras y en mi sonido me ha atraído más la imagen que la música.

¿Dónde vive en estos momentos?

Pues mira, pensaba que nunca dejaría Nueva York, pero ahora cada vez que vuelvo a EE UU, veo que me decanto por California. Tengo un chalet dentro del hotel Chateau Marmont, en Los Ángeles, y ahora una amiga me va a ayudar a buscar casa en Hollywood.

¿Y cómo lleva el vaivén?

Algunos días son mejores que otros. Antes de todo esto, yo era muy feliz. Estaba muy involucrada en mi comunidad, tenía gente alrededor, podía ver a mi familia a menudo… Por las noches escribía canciones y me lo pasaba bien. Y ahora… ¡Hay toda esa gente ahí fuera! [dice refiriéndose a los fotógrafos, maquilladores, estilistas, asistentes y personal de la discográfica que participan en la sesión]. No disfruto tanto de algunas cosas como antes.

Entonces, cuando escribía esas canciones de noche, ¿no pretendía que alcanzaran a un gran público?

No, no soy esa clase de persona. Era feliz escribiendo las letras y no quería más. Solo tener suficiente dinero para pagar el alquiler y los impuestos. No tenía grandes ambiciones.

¿Tiene tiempo de ver a los amigos de verdad?

Tengo un pequeño grupo de amigos y no tienen nada que ver con la música. Mis amigas son buenas chicas, con los pies en la Tierra. Una trabaja en el sector inmobiliario, otra en Bloomingdale’s, otra es la jefa de marketing… Las echo de menos.

Todas sus letras están escritas en primera persona. ¿Cree que eso contribuye a generar confusión o curiosidad sobre usted?

Son todas reales. Yo soy la protagonista de todas mis letras. Pero no creo que sean tan controvertidas. Cuentan cómo me han ido las cosas a mí. Dejé mi casa a los 14 años para ir a un internado porque me había metido en problemas. Después llegué a Nueva York… Mira, Video Games no es más que un día en mi vida. La gente dice que es una canción antifeminista y yo pienso ¿por qué? Estudiaba y me mantenía a mí misma. Al final del día solo quería quedarme en casa con mi novio y jugar con videojuegos.

¿Le molesta que la llamen antifeminista?

No es una de las cosas que más me molestan. Y quizá sí hay algo de verdad en ello. Soy una chica muy dura y me gusta un hombre que sea fuerte en todos los sentidos. Puede que incite a los hombres a mostrarse poderosos conmigo. Yo hago muchas cosas, trabajo muy duro y lo controlo todo. Así que al final lo que quiero es que haya alguien que me ayude a sentirme delicada y sexy otra vez.

¿Lee todo lo que se publica sobre usted? Porque eso es casi un trabajo a tiempo completo.

Al principio sí, porque nunca nadie había escrito sobre mí y me afectaba. Me había pasado los 10 años anteriores intentando ser una buena persona. Dejé de beber, tenía una buena relación con mi familia… Cuando empezaron a mezclar a mi familia en todo esto me indigné. He aprendido que todo lo que dice la prensa puede ser mentira.

Como cuando le acusan de ser producto manufacturado...

Eso es mal periodismo y mal comportamiento. Debería ser ilegal. Todo lo que tenían que hacer esos periodistas era hablar con algunos de mis conocidos. Cualquiera les diría que todo lo que hice, lo hice sola. Yo escribí las canciones, yo dirigí los vídeos. Y respecto a mi nombre, empecé con mi nombre real, pero sobre el escenario siempre actué con uno distinto. Todo el mundo lo hace.

¿Y por qué cree que se ha generado en torno a usted ese debate sobre lo que es auténtico y lo que no?

No lo sé, no hay nada más auténtico que yo. Entendería que se cuestionase a alguien que dice que escribe sus canciones y no lo hace, o a alguien que dice que su pasado fue de determinada manera y miente. Pero no a mí.

¿Disfruta cuando está sobre el escenario?

Ahora empiezo a disfrutar. Cuando estoy en París o Italia, me lo paso bien. Cuando estoy en Hollywood, también, porque la prensa de Los Ángeles me entiende, sabe que no estoy intentando vender un mensaje. Solo canto. Pero hay otros lugares en los que la crítica no me comprende. La gente con ojos normales te mira y busca a alguien como ellos, y yo no soy así. Yo hago lo que quiero.

¿Siempre se sintió distinta?

Sí, siempre. Por eso quise estudiar Filosofía. Estaba sobrepasada por el mundo y me alucinaban las cosas que preocupaban a otras personas: ¿qué hacemos hoy?, ¿dónde vamos de vacaciones?, ¿te gustan mis zapatos? Yo, en cambio, siempre andaba buscando una guía, una señal, un poder superior.

Difícil encontrarlo en su pueblo, Lake Placid. Es muy pequeño, solo tiene 2.000 habitantes. No hay ninguna ciudad grande cerca. Me lo imagino tipo Twin Peaks.

Pues sí, es exactamente como Twin Peaks. Estaba deseando salir de allí y llegar a Nueva York porque allí me sentía como en el cielo. Me gusta ir a la tienda de la esquina y que un hombre te diga [en español]: «Hola bonita, ¿qué tal estás?».

¿Qué pasó en el programa Saturday Night Live? ¿Cómo vivió las críticas a su actuación?

Me lo esperaba. Lo que la gente no sabe es que antes de actuar, su página web ya criticaba todo lo que hacía. Cuando subí a ese escenario sabía exactamente lo que iban a decir sobre mí.

Para ser el clásico disco de ruptura sentimental, en su primer álbum, Born to Die, no hay despecho. Más bien se intuye añoranza.

En ese momento, hablar del amor me hacía sentir viva otra vez. Lo basé sobre esa persona para darle estructura, aunque en realidad habla de más cosas: de conducir de noche por California, de la tristeza que a veces te da el verano...

¿Es cierto que escribió el sencillo Video Games en 10 minutos?

No, no, me vino en oleadas. Había estado componiendo canciones durante cinco días con uno de mis mejores amigos, Justin Parker, que escribe los acordes. Acabábamos ya cuando él me dijo: «Tengo una progresión que me recuerda a ti». Me encantó el principio y también el estribillo. Así es como me imagino yo que suena el paraíso.

Cuando aparezca su segundo álbum, ¿hablará de lo que ha supuesto la fama para usted?

No, lo retomaré todo donde lo dejé. Estoy empezando a escribir nuevas melodías. Tengo una canción nueva que me encanta. [Entona unos versos que dicen: «En la tierra de los dioses y los ángeles, yo era un monstruo»]. Cuando la tuve pensé: «¡Dios, me recuerda a Leonard Cohen!».

¿Es Cohen uno de sus artistas preferidos?

Me gusta imaginarme a Leonard Cohen y a Bob Dylan juntos. Me hace feliz. En mi lista de favoritos también están Elvis Presley, Frank Sinatra, Nirvana, Lil’Wayne, Eminem y Odd Future.No hay mujeres... No, pero no estoy en contra.

¿Qué le parecen las divas del mainstream, Beyoncé, Rihanna…?

Nunca comento ese tema. Es difícil para mí, todo lo que digo se saca de contexto. ¡Lástima que me hagas esa pregunta! La entrevista había ido tan bien hasta ahora…

Lana del Rey

Camiseta de American Vintage, falda de Valentin Yudashkin, maxicinturón y botines con pedrería, todo de Balmain.

Foto: Simon Emmett

Lana del Rey

Chaqueta de Balmain, collar-tiara de cerámica de Andrés Gallardo.

Foto: Simon Emmett

Lana del Rey

Minivestido tie-dye de Isabel Marant, gafas de A Morir, joyas de Lana del Rey.

Foto: Simon Emmett

Lana del Rey

Minivestido tie-dye de Isabel Marant, gafas de A Morir, joyas de Lana del Rey.

Foto: Simon Emmett

Lana del Rey

Camisa y shorts de seda, ambos de Chloé.

Foto: Simon Emmett

Básicos

Facebook