Entrenar la libido, clave para mantener la pasión con el paso del tiempo

La falta de deseo es el problema sexual que afecta a más mujeres. La solución pasa por entender los curiosos mecanismos de la libido femenina y erotizar más el día a día.

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La libido es como un niño y lo único que necesita para crecer feliz es un poco de tiempo y dedicación.

Foto: Everett Collection

Tras siglos de lucha para poder acceder al pastel del sexo, y cuando hablo de pastel me refiero a su función lúdica y no reproductiva, las mujeres pasaron por varias etapas: primero se les prohibió, argumentando que era indigesto y que el estómago femenino no estaba diseñado para procesar este tipo de alimento, que indudablemente dañaría su organismo. Muchos años más tarde se les empezó a dar algunas raciones de tarta, pero las mujeres las comían con sentimiento de culpa, pensando siempre en lo mucho que engorda el dulce y en las consecuencias nefastas del abuso del azúcar. Finalmente hoy, cuando los escaparates de las confiterías ofrecen todo tipo de exquisiteces, algunas de ellas incluso bajas en calorías, paradójicamente a las mujeres se les ha ido el apetito. Eso es al menos de lo que se queja el 80% de las pacientes que acuden a una consulta sexológica: falta de deseo, un trastorno que también empieza a afectar a ellos, puesto que desde hace ya algún tiempo empieza a haber hombres de Venus, como mujeres procedentes de Marte.

Los laboratorios farmacéuticos trabajan contra reloj para encontrar la fórmula mágica que le devuelva a ella las ganas, ya que el hombre se ha quedado compuesto (por obra y gracia de la Viagra) y sin novia, y porque descubrir semejante filón sería dar con la gallina de los huevos de oro. Pero la tarea no es fácil ya que el deseo reside en el cerebro y, ¿quién puede atreverse a pronosticar lo que pasa por las cabezas femeninas?

A la consulta de la ginecóloga y sexóloga Francisca Molero, del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, acuden mujeres de todas las edades que reconocen tener la libido por los suelos, aunque eso no siempre obedece a un trastorno de falta de deseo, sino a un desconocimiento de cómo éste funciona en realidad. “Los hombres estimulan la libido de una forma más visual” comenta Molero, “por lo que, gracias a las características de nuestra sociedad con publicidad e imágenes de mujeres atractivas bombardeándonos constantemente, ejercitan su deseo diariamente, sin ni siquiera proponérselo. Pero la forma que tienen ellas de estimularse requiere del sentido del tacto y el oído. El deseo de la mujer no está siempre activo como el del hombre, sino dormido y es necesario despertarlo”.

Caricias y palabras amorosas no son cosas fáciles de encontrar a las ocho de la tarde en el metro, de camino a casa tras una jornada laboral, pero muchas mujeres todavía se preguntan por qué se les han ido las ganas de hacer el amor después de diez horas en la oficina, cuidar de los niños, ir a una clase de spinning y hacer la cena. “Cuando salgo del trabajo de lo único que tengo ganas es de matar” me comentaba una amiga con ironía ante la pregunta de si le quedaba tiempo para el sexo. Resulta que debido a razones evolutivas, las mujeres responden peor al estrés que los hombres y lo primero que se les suprime, en situaciones de tensión, es la libido. Una forma de anticoncepción prehistórica. “Cuando la situación se vuelve peliaguda es preferible no quedarse embarazada y para evitar riesgos, mejor estar poco o nada predispuesta”, así pensaban las química femenina cuando el hombre vivía en las cavernas y así sigue pensando en muchos casos, ahora que descansa en confortables y funcionales espacios.

La testosterona masculina nunca tuvo que hacer semejante reflexión, ya que lo bueno para la conservación de la especie era que el macho cubriera al mayor número de hembras posible, con glaciación o sin ella, incluso con el panorama de un posible rescate económico bajo la supervisión de Angela Merkel. “La evolución todavía está muy presente en nuestra especie” reconoce Francisca Molero, “de hecho, la eyaculación precoz empezó a verse como un problema hace relativamente poco, biológicamente es una bendición, un trabajo rápido y eficaz”.

Las mujeres que quieran saber si realmente padecen de deseo sexual hipoactivo (DSH) o si, simplemente su código genético evolutivo les está jugando una mala pasada, solo tienen que esperar a las vacaciones y descubrir si el descanso anima a querer hacer más el amor y menos la guerra. En caso afirmativo, todo está en orden. El desorden viene de fuera.

En el fondo, la libido es como un niño y lo único que necesita para crecer feliz es un poco de tiempo y dedicación. Pensar que el sexo es una reacción instintiva y que las mujeres pueden pasar automáticamente de horas y horas de actividad a ser diosas del sexo es pura fantasía. Como apunta Francisca Molero “la sexualidad hay que trabajársela y consta de teoría y practica. Quizás antes había demasiada teoría y poca practica y ahora veo casos en los que ocurre lo contrario. Mujeres que llegan a mi consulta y que desconocen todavía muchos aspectos relativos a su sexo. Para aumentar el deseo siempre recomiendo pasarse horas a solas con uno mismo. Practicar el autoerotismo, la masturbación, porque para disfrutar del cuerpo hay que descubrir primero lo que más le gusta.

Los masajes en pareja, sin meta ni fin establecido, son perfectos para avivar el deseo, lo mismo que el uso de juguetes, que además añaden un componente lúdico a las relaciones, y sobre todo en la mujer son importantes los estímulos eróticos: sentirse deseada, flirtear, salir con chicos, leer literatura erótica o ver películas porno, si es que le gustan. Todo con un plan establecido. Tres o cuatro veces por semana. No podemos dejar estos deberes para cuando estemos motivadas, porque tal vez esto no ocurra a menudo. Hay que planificar espacios para la sexualidad. Otro mito a desterrar es el de pensar que las cosas relativas al sexo deben ser espontáneas y no preparadas. Los planes no son contrarios al placer”.

Hace años una ama de casa americana de mediana edad decidió regalarle a su marido por su 40 cumpleaños un año entero de sexo diario, que plasmó en su libro 365 Nights de Charla Muller. Pese al horror inicial, los inconvenientes, cansancios y cenas de compromiso, el matrimonio se planteo tener relaciones cada día del año y lejos de acabar divorciándose ahorraron dinero, ganaron en complicidad y se diplomaron en Kamasutra. Todo es cuestión de practica. Si quiere ser buena cocinera, cocine; si quiere avivar el deseo, solo tiene que entrenarlo. Y por cierto, ¿Qué prácticas son sus preferidas?

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