La guerra contra las princesas llega a Barrio Sésamo

La jueza del Supremo Sonia Sotomayor se une a la cruzada contra la "princesización" de las niñas

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Es costumbre en Sesame Street invitar a una figura relevante para que explique una palabra nueva a los miniespectadores. Recientemente, Steve Carell explicó la palabra "voto" (justo a tiempo para las elecciones), Mila Kunis contó lo que significa "incluir" y Sofía Vergara introdujo el vocablo "baile", en español. La última invitada a la calle Sésamo ha sido la juez del Tribunal Supremo estadounidense Sonia Sotomayor, que también presumió de orígenes hispanos diciendo varias palabras en castellano pero, sobre todo, aprovechó su visita al programa infantil más legendario de la televisión estadounidense para dejar clara su posición en la guerra cultural contra las princesas. Sotomayor le explicó a Abby, una marioneta muy girly, rosa, con alas de hada y coletas el significado de la palabra "carrera".

"Una carrera es un trabajo para el que te preparas y que planeas hacer durante mucho tiempo", dice Sotomayor. "Yo quiero una carrera como princesa", le contesta Abby. "Jugar a princesas es divertido –le aclara la juez– pero no es una carrera. Puedes estudiar y prepararte para ser profesora, abogada, doctora, ingeniera o hasta científica". 

El episodio confirma las credenciales feministas de Sotomayor y la tradición progresista del programa, que han denunciado opinadores conservadores como Ben Shapiro, autor del libro Primetime Propaganda, en el que acusaba a Elmo y los demás de promocionar la "desobediencia civil". Y vuelve a subrayar que comprar o no comprar princesas Disney, decorar o no decorar la habitación de una niña en interminables tonos de rosa es más que nunca una cuestión política. 

Hasta el clip de Sotomayor, la contribución más importante en la guerra contra las princesas era el libro de la periodista del New York Times, Peggy Orenstein, titulado Cinderella Ate my Daughter (Cenicienta se comió a mi hija), que publicó Harper Collins en Estados Unidos el enero pasado, con el subtítulo "crónicas desde la primera línea de la cultura girlie-girl". Orenstein partió de su experiencia con su hija Daisy, de seis años y llegó a la conclusión de que el mundo princesil que obsesiona a Daisy y sus congéneres "es menos inocente de lo que parece y puede tener consecuencias en el desarrollo social, psicológico y físico de las niñas", según explicó a Live Science. "Muchos de los productos relacionados con las princesas son retrógrados per se, como los basados en bodas. Y, aunque no estén necesariamente sexualizados, promueven el narcisismo y el consumismo. Les dicen a las niñas que estar mona y recibir mucho feedback sobre lo mona que estás es importante. Y que tener muchas cosas es lo más importante", añade Orenstein en la misma entrevista. Durante su investigación, la autora habló con científicos que le aseguraron que la sexualización prematura y la insistencia en ciertos juegos de roles "desconectan a las niñas desde una edad muy temprada de sensaciones sexuales auténticas. Aprenden que la sexualidad es algo que se actúa, no que se siente".

Por otra parte, y por devolver el debate a un nivel Sésamo, todo el mundo sabe que a Princesa solo se llega por dos vías: o por herencia o por matrimonio. Así que no es una aspiración que incite a creer en la meritocracia.

A pesar de eso, hay investigadores de la Princess Culture que han llegado a conclusiones menos dramáticas. Jenni Fong, autora de la tesis universitaria Una chica por la que luchar? Implicaciones de la Cultura Disney de las Princesas resolvió que, en efecto, las princesas, y en particular las de la factoría Disney, tienen mucho que explicar respecto a roles de género y modelos de belleza estandarizados pero su influencia en la vida real es limitada. Las niñas que crecen obsesionadas con las princesas acaban tomando como modelo a figuras más próximas a su vida real, asegura Fong en su estudio.

El vídeo de Sotomayor, del que se han hecho eco los principales medios estadounidenses, choca con otra sensación viral de hace un par de semanas. Pippa Middleton presentaba su libro de festejos en Londres y la editorial le había montado una pequeña fiesta infantil para promocionarlo. Cuando una niña de seis años le aseguraba que "odia a las princesas", la hermanísma le contestó: "Me apuesto lo que quieras a que en cuatro años te encantarán". ¿Defendiendo el negocio familiar?

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