La gastronomía se vuelve nómada: llegan los restaurantes 'pop up'

La fiebre por las iniciativas que organizan cenas temáticas temporales lleva meses expandiéndose por todo el planeta.

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Speisenklub Neukölln organiza el último domingo de cada mes un encuentro gastronómico y cultural para no más de 30 personas, entre aquellos que se hayan inscrito como socios del club, un listado cada vez más internacional

Foto: Cathrin Brandes

El 2013 va a certificar el auge o caída de los restaurantes pop-up. Son lugares de una sola noche o de pocas semanas, que organizan cenas temáticas y que llevan meses expandiéndose por todo el planeta. Estas propuestas entienden el lujo como algo difícil de lograr, sin necesidad de ser ostentoso o caro. Su condición de eventos nómadas y temáticos, con plazas limitadas, les confiere un factor efímero que saben explotar.

En España ya existen ejemplos como Titanic Pop-up Barcelona, que ultima los detalles para sus cenas de San Valentín. Con ambientación inspirada en el Titanic, durante solo dos noches y en un lugar por determinar en el barrio del Raval. Tras el timón está el sueco David Elfstram, quien trabaja en el Bar Mut barcelonés.

En breve también visitará nuestro país, en concreto a Ibiza, Pret A Diner. Rechaza el término de restaurante pop-up y se autodenomina una “experiencia social”. Organiza cenas de unas pocas noches encargadas a cocineros con estrella Michelin, como Matthias Schmidt o Juan Amador. Sus fundadores, KP Kofler y Olivia Steele, apelan a lo desconocido para sorprender a sus invitados.

Cannes, Londres, Río de Janeiro o Berlín son algunos de los destinos pasados y futuros de estas cenas destinadas a “entusiastas de la cultura, exploradores urbanos, viajeros globales, fanáticos de la comida, party animals o coleccionistas de gente”, explican sus creadores.

Y es que música, cocktails y arte condimentan sus reputados menús servidos en variopintos lugares. Nadie puede sumarse al club como miembro. Las dos modalidades para dormar parte de Pret a Diner son la de patrón, que paga 450 libras anuales (520 euros) para apoyar el proyecto, o la de amigo, cuyo coste de suscripción de de diez libras al anyo (11,5 euros).

En 2011 convirtieron las plantas 24 y 25 de un rascacielos de Frankfurt en una casa del árbol y hace unos meses demostraron en Londres que “los italianos lo hacen mejor”, con la cocina y arte transalpinos como protagonistas en el Fifty St James, un antiguo casino y club privado de Mayfair.

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A partir de marzo, el salón de belleza The Secret Room de Barcelona esconderá los secadores y las planchas de alisado para convertirse en un restaurante con carácter clandestino.

Foto: Cortesía de We pop Restaurant

También nómadas, aunque dentro de los límites de Berlín, son las cenas de Speisenklub Neukölln. Es un proyecto personal de la hispano-alemana Cathrin Brandes. Decidió en 2011 utilizar su experiencia en el sector de la restauración para hacer algo propio. Pidió ayuda a su hermana Elena y al artista Thomas Greb, quien se encarga de la decoración y puesta en escena. Desde entonces organizan el último domingo de cada mes un encuentro gastronómico y cultural para no más de 30 personas, entre aquellos que se hayan inscrito como socios del club, un listado cada vez más internacional.

Lo que ofrecen son cenas temáticas, que solo ocurren una vez y en lugares insospechados. De todo puede pasar en este club. Un elogio al queso en forma de menú degustación, una barbacoa en el parque Tiergarten, una noche vegana en un piso de Neukölln o una velada con proyección cinematográfica en un mercado de Kreuzberg.

“El foco no solamente está en la comida, también en el evento social de conocer a gente nueva. Tenemos un orden de mesa distinto cada vez, separando a parejas y grupos. Los menús tienen un toque moderno, lo que nos interesa sobre todo es ofrecer combinaciones nuevas de sabores y aromas intensos”, cuenta a S Moda Cathrin Brandes.

Los ingredientes utilizados suelen ser de la zona “si el menú lo permite”, a los que se suma una cuidada selección de carnes que proceden de Insel Öhe, una isla diminuta del Mar Báltico. “Los primeros miembros fueron los amigos, luego los amigos de los amigos... Era gente de entre 30 y 45 años que en su mayoría trabaja en sectores creativos -explica su fundadora-. Desde que llegamos a Facebook el perfil ha cambiado y se ha ampliado a personas de entre los 20 y 70, aunque el comensal varía según la temática de la cita”. Ahora son 300 socios, algunos visitantes fijos y otros esporádicos.

A pesar de no ser un restaurante al uso, o precisamente por eso, Speisenklub Neukölln es ya un referente en la restauración berlinesa. Su propuesta se encuentra entre las mejores opciones gastronómicas de Berlín que ha seleccionado la guía “Die Stadt kocht” -La ciudad cocina-. El libro de la periodista alemana Eva-Maria Hilker y el fotógrafo Florian Bolk incluye al club junto a restaurantes consagrados, como Cookies Cream, Volt o Hartmanns.

También en Barcelona acaba de llegar We Pop de la empresa alimenticia CréOlé. En el mes de marzó se instala en un salón de belleza, The Secret Room, para ofrecer barbacoas clandestinas en pleno Paseo de Gracia. La cerveza catalana Moritz y los postres de la pastelería Crustó ponen el sabor local. La capital catalana parece haber tomado la delantera en cuanto a restaurantes pop-up en España. El chef Jaime Riesco, propietario del restaurante Picnic, fue el encargado de inaugurar el pasado 1 de febrero The Supper Club en el Raval.

Restaurante

Imagen de una de las mesas lista para las cenas de Speisen Neukölln.

Foto: Speisen Neukölln

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