Erin O’Connor: "Mi reto es tener una imagen poderosa y fuerte"

Tras un tiempo retirada de la pasarela, la top Erin O’Connor posa por primera vez para una revista española para dejar claro que el color del amor sigue marcando tendencia.

Erin O´Connor

Erin O´Connor lleva un vestido trapecio de Gareth Pugh.

Foto: Tetsuharu Kubota

«Ginsberg es Dios», dice en letras grandes la camiseta de la modelo inglesa que, a sus 34 años, conserva la naturalidad e intensidad que cautivó en su día a los grandes diseñadores del mundo desde que llegó a Nueva York con 19 años. En la Gran Manzana, Erin tiene hoy un pequeño piso en el West Village, pero su verdadero hogar está en el sur de Londres. Hace unos años se apartó de su trabajo como top «para ayudar a jóvenes creadores y trabajar en el otro lado de la industria como vicepresidenta del Instituto de Moda Británico». Pero un favor a su amigo Zac Posen nos ha regalado de nuevo su estilo. Único.

¿Cómo empezó esta aventura?

Estaba en un viaje escolar cuando una cazadora de talentos se acercó para ofrecerme un contrato. Recuerdo que empezó a tomar Polaroids, llamé a mi madre desde una cabina y le dije: «Dios mío mamá, hay una mujer aquí que quiere que me vaya a vivir a Londres». Y ella respondió: «¡Ya lo sé Erin! Acaba de llamarme». Tenía 17 años y me mudé a Londres a los 18.

Cuando lo hizo, ¿soñaba con ser modelo, o el aliciente era pura diversión?

Aún no lo sé. Quería experimentar lo que se sentía al ser autosuficiente. No estaba pensando en la ropa, el dinero o la aceptación. Desde el primer día descubrí que ese sentimiento de libertad es una ambición importante en mi vida. Mi mayor logro es haber conquistado mi independencia.

¿Qué ha aprendido acerca de la moda?

Sigo sin saber nada. Mi relación con mi cuerpo es algo muy instintivo, disfruto de tener que ponerlo a prueba. Fui una niña muy retraída, así que ha sido el antídoto perfecto para curar esa dolorosa timidez que me paralizaba. Pero poco a poco reconstruí mi imagen con lo que el resto del mundo pudo ver: una mujer poderosa y fuerte de 1,83 cm de altura. Sin embargo, creo que es bueno conservar un ego pequeño porque te recuerda el poder de la humildad.

Karl Lagerfeld dijo que era una de las mejores modelos del mundo, ¿cómo fue trabajar con él?

Creo que una de las mejores cosas de Karl es su sentido del humor, algo que muestra sin pedir permiso. Un hombre así, que no se toma en serio, solo puede generar lo contrario. De esta forma logra soportar tanto poder mientras todos los demás tratan de entender a ese hombre inmenso. El Karl con el que yo he trabajado es muy cercano y alentador, tiene una gran capacidad de aprender y siempre mira hacia el futuro. Cada vez que quedas con él para ponerte al día te das cuenta de que está un paso por delante. Fue muy importante en mi carrera porque me cuidó, me entendió y me retrató como una figura femenina moderna.

¿Cómo consigue mostrar esa imagen tan fuerte y femenina? 

Trabajo muy duro en el gimnasio porque mi cuerpo de adolescente era extremadamente delgado. Esta es una historia en blanco y negro en mi vida porque, por un lado, eso también hizo que me sintiera bien aceptada en el mundo de la moda, ya que mi línea era muy fácil de moldear. Lo complicado cuando trabajas con tu imagen es que tienes que ser muy cuidadosa con lo que promueves. Yo me esfuerzo para estar fuerte porque mi reto es brillar poderosamente. Nunca he querido parecer una víctima, no hay nada hermoso en ello. Mostrar a una mujer vulnerable es un crimen en estos días.

¿En qué se basa su estilo?

En una cierta deconstrucción. Si llevo algo de Chanel es una pieza, no todo el conjunto. Probar algo es mucho más seductor que el bocado completo. Una de sus iniciativas más sorprendentes ha sido su ‘santuario para modelos’. Lo fundé hace seis años como respuesta al debate de la talla. Para mí fue muy doloroso, porque fui una de las modelos que victimizaron en la prensa, así que decidí que la mejor respuesta era poner en marcha una fundación que promoviera la forma de cuidarse de las modelos. Contamos con un equipo de nutricionistas, psicólogos e instructores que ayudan a las chicas cuando empiezan, ya que el 90% tiene entre 16 y 19 años.

¿Cómo se cuida?

No me agobio con eso. Tengo una piel muy fina y pálida, e intento no bombardearla con muchos productos. Solo utilizo una buena crema limpiadora de noche y al día siguiente aclaro mi piel con agua.

¿Por qué surgió su línea de camisetas She Died of Beauty?

Se trataba de jugar con el sarcasmo, amo la ironía. Y para incitar un cierto estilo de vida recurrimos a frases del tipo: «Ella murió de independencia» o «Ella murió de perfección». La idea está basada en la poeta Emily Dickinson. Se pueden encontrar en Shediedofbeauty.com.

¿Cómo le gustaría verse en los próximos cinco años?

Me gustaría poder representar cada década de la feminidad. Adoro viajar. Me imagino que escribiré y trabajaré con museos y, por supuesto, con el Instituto de Moda Británico. Si hay un lugar con un punto de creatividad, ahí estaré.

Erin O´Connor

Blusa (c. p. v.) y pantalón (c. p. v.) de Vionnet

Foto: Tetsuharu Kubotat

Erin O´Connor

Mono de encaje de Roberto Verino (990 €) y zapatos de charol en color piel de Christian Louboutin (c. p. v.).

Foto: Tetsuharu Kubotat

Erin O´Connor

Falda de Jil Sander (490 €) y abanico de madera de Roberto Verino (c. p. v.).

Foto: Tetsuharu Kubotat

Erin O´Connor

Blusa con lazada en la cintura (c. p. v.) y pantalón de seda (c. p. v.) de Vionnet; anillo, de la modelo.

Foto: Tetsuharu Kubota

Erin O´Connor

Vestido de Rochas (1.100 €).

Foto: Tetsuharu Kubota

Erin O´Connor

Chaqueta y falda de Chanel (c. p. v).

Foto: Tetsuharu Kubota

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