Cómo vive una creadora de tendencias

Este antiguo taller de impresión, situado al sur del Támesis, es el hogar de Ilse Crawford, interiorista y directora creativa.

Ilse Crawford

 

Foto: Jorge Monedero

Se podría decir que en interiorismo hay un antes y un después de Ilse Crawford. Allá por los años 90, cuando creó y dirigió la publicación británica Elle Decoration, introdujo el desorden en las revistas de decoración. ¿La razón? Las casas revueltas son sus preferidas. Entró a formar parte de la mitología de la Gran Manzana después de firmar el diseño de Soho House, la terraza favorita de las protagonistas de la serie Sexo en Nueva York. Y es imposible calcular cuántos hogares británicos han imitado la rusticidad sofisticada de su trabajo en el hotel de la campiña inglesa Babington House. Crawford se saltó las convenciones, la gama de tonos beis y las piezas trofeo, y prefirió centrarse en crear lugares para las personas. Hoy con su compañía Studioilse se encarga de marcas, edificios, muebles y cualquier otra cosa que necesite una inyección de emociones. 

Despacho hogareño. En su casa de Londres, un loft al sur del Támesis en el que vive desde hace 10 años, es fácil entender el éxito del toque Crawford. Esta londinense de 49 años ha creado un espacio acogedor, flexible y sin pretensiones, que no apetece abandonar. 

Es una casa caóticamente organizada, en la que no se usan posavasos y donde se adivinan largas comidas con amigos. Crawford abre la puerta del edificio y enseguida vuelve a meterse en la cama con su portátil. «He de terminar un texto y voy fatal de tiempo», se disculpa. De padre canadiense y madre danesa, creció en el entonces bohemio barrio de Notting Hill. Cuando nacieron sus hermanos trillizos, la familia se trasladó a una casa en el campo buscando más espacio. Su estilo decorativo, como su herencia, es un maridaje del depurado diseño escandinavo y del acogedor abigarramiento británico. 

En su lugar de trabajo, a tiro de piedra del mercado gourmet de Borough, la diseñadora prefiere los espacios comunes y descarta el despacho; no lo usa en su hogar, tampoco en su estudio. «Tengo una silla: paso el día trabajando en proyectos con otras personas. Mi oficina es mi cama, allí zanjo cosas a primera hora de la mañana. Mi escritorio es la mesa de la cocina», comenta. 

Decoración en pareja. Por las mañanas, Crawford dice arreglarse en unos minutos. La diseñadora confiesa vivir con su uniforme «de combate», compuesto por vestidos y botas. Huye del negro riguroso («solo funciona en bellezones»), no usa apenas maquillaje y es una incondicional de los cosméticos sibaritas de la marca australiana Aesop, para la que ha realizado algunos proyectos. En moda, confiesa adoración por las prendas de Maison Martin Margiela: «Valen a los 19 o a los 90 años y son interesantes o, más bien, te convierten en una persona interesante». 

La atmósfera relajada que se respira en su casa no debe confundirse con mera laxitud. Crawford es capaz de actuar con precisa minuciosidad. Ella misma mezcló el tono gris de las paredes, buscando unos destellos verdes que funcionasen tanto de día como de noche. Colecciona varios modelos vintage de las teteras de cristal Jenaer. Y antes de que el fotógrafo inmortalice un rincón, retira un mantón con flores bordadas abandonado sobre una silla Ercol: «Es demasiado femenino para mí».

Todos los proyectos de Crawford echan a andar con una historia. La de su casa empezó con la de su matrimonio con el colombiano Óscar Peña, un diseñador especializado en iluminación. Ella vivía en Nueva York y él en Milán, y decidieron mudarse a Londres. Peña pasa parte de la semana trabajando en la ciudad holandesa de Eindhoven. «Organizamos la casa pensando en el tiempo que compartimos juntos. He preferido tener un baño y una sala de estar amplios antes que una habitación de invitados que solo se usaría de vez en cuando», explica Crawford. En las estanterías, repletas de los libros de la pareja, conviven fotos familiares, postales y pequeños animales de juguete. «Me permito divertirme con estas tonterías», comenta mientras señala unos perros en miniatura.

La cocina ocupa un lugar central en la casa. «A Óscar le encanta cocinar, se lo toma muy en serio y usa muchos gadgets. Era importante integrar este espacio en el salón para estar juntos mientras prepara la cena». En cambio, cuando hubo que decidir sobre la sensibilidad algo nostálgica de este antiguo taller de impresión, Crawford no cedió ni un milímetro. «Mi marido buscaba algo más moderno, y a mí me preocupaba que pareciese una tienda. Es importante evolucionar, pero sin el pasado no somos nada». El suelo, de tablones de madera es el original. «Hay que respetar la integridad y la personalidad del edificio. La belleza está en las imperfecciones».

Ilse Crawford

 

Foto: Jorge Monedero

Ilse Crawford

 

Foto: Jorge Monedero

Ilse Crawford

 

Foto: Jorge Monedero

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Foto: Jorge Monedero

Ilse Crawford

 

Foto: Jorge Monedero

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Foto: Jorge Monedero

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Foto: Jorge Monedero

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