Busco hombres, por Eva Hache

«Si buscas al príncipe azul, que sepas que el azul, a menos que sea marino, no va con casi nada»

Leopold Museum

La obra Mr. Big en la exposición Nackte Männer, en el Leopold Museum de Viena.

Foto: Cortesía de Leopold Museum de Viena

En Google. Inicio una ardua investigación, y para que me haga juego con el especial de esta semana tecleo «hombres» en el armario de la sabiduría, y me sorprendo. No me esperaba casi ninguna de las diez primeras entradas.

La primera: Mujeres, hombres y viceversa. Esos hombres. Me niego a creer que sean una muestra de la realidad. Quizá sean un «sueño de suegra» porque son guapetones y han sido famosos durante una o más semanas. Pero en cuanto la suegra deje el Prozac estoy segura de que le dirá a su hija que por favor se busque un hombre de provecho que pase menos horas que ella en el salón de la esteticien. Esteticien que, sospecho, les saca pasta bastante como para llamarle estetimil.

La segunda: Wikipedia. En su primera acepción, define «hombre» como individuo de la especie homo sapiens, sin distinguir varón o fémina. Reflexiono. Sapiens significa sabio. ¿Quién sería el que se lanzó a la piscina y decidió que, de entonces en adelante, seríamos llamados sabios? O a mí se me escapa algo o, por lo menos, los participantes del horror de la primera entrada, sin distinguir varón o fémina, se me salen de la clasificación por todos los lados. O en la piscina no había agua y así se quedó.

Tercera: ¿Por qué los hombres tienen pezones? Pues hombre, yo creo que porque sin ellos quedarían rarísimos. Pero el zoólogo este de la Universidad de Oxford dice que es una chapuza de la evolución. Que, aunque en algunas especies tanto el macho como la hembra amamantan, esto no se lleva en la nuestra y que la apuesta biológica ganadora consiste en que el macho invierta poco tiempo en la cría y lo máximo posible en aparearse con el mayor número posible de hembras. Esta teoría ya se la había escuchado yo a algún espabilao, fíjate. Que era cosa de la naturaleza, no de su pichabrava. Y recuerdo que vi un documental sobre hombres que habían dado teta. O sea que si quisieran usar los pezones, podrían. Y no me parece mal. Pero escuchar el testimonio de unos chicos adolescentes que fueron amamantados por su padre… me daba cosita.

Cuarta: Los 50 errores de los hombres en la cama. ¡50! ¿Se pueden cometer tantos errores en ningún lado? Desconfío. En la posición ocho aparece «hacerlo sin afeitarse». Recuerdo alguna pasión que me hizo pasar dos días con la barbilla escocida y más feliz que una perdiz. Dejo de leer.

Quinta: Página para hombres que ofrece, entre otros tópicos, superar inseguridades con consejos como «Aprovechar las rebajas». Felicitaos, oh, hombres, ¡ya os dan consejos tan estúpidos como a nosotras!

Sexta: Una exposición de hombres desnudos escandaliza Viena. Me acuerdo de que el David de Miguel Ángel se esculpió a primeros del siglo XVI y me da la risa (por no llorar) nuestra pacatería del siglo XXI.

Séptima: Hombres, primera película de Marlon Brando. Esto sí. ESTO SÍ.

Octava: Hablemos mal de los hombres. La mayor colección de tópicos escrita por la típica que no se come con el subtítulo: «Mientras se busca al príncipe azul hay que reírse de los payasos». Pues tú sigue riéndote de los payasos, nena, que cuando llegue el príncipe seguro que será soso, aburrido y como mucho te dará un beso para que despiertes. Y que sepas que el azul, a menos que sea marino, no va con casi nada. Y el príncipe lo mismo ni existe. Me irrito. No sigo. Y, por cierto, ningún enlace porno. Buscad «mujeres».

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