Lo sentimos, Catalina y Charlene, pero la boda del año en España es la protagonizada por Cayetana de Alba y Alfonso Díez. A pesar de lo modesto del enlace (pocos invitados, vestido de ceremonia y no de novia, contrayentes en pleno amor otoñal...) tiene algo en común con los anteriores: un novio plebeyo que, finalmente, ha terminado por cuajar entre las familias.
La tercera boda de la duquesa nos hacer echar la vista atrás para analizar, a través de su estilo, su compleja y libérrima personalidad. Y es que a Cayetana no le han pesado sus decenas de títulos para hacer lo que le ha dado la gana con su vida. Puede que su primer marido fuera demasiado recomendación de su padre, pero siempre que ha podido no ha dejado que nadie la gobierne. Su última rebeldía es Alfonso Díez, pero si repasamos su biografía encontramos un sinfín más.
PARA VER (Y VOTAR) SUS LOOKS, PINCHA AQUÍ
Ver galería


Comentarios
23
Deja un comentario
23
Rosa Yolanda Brito
31 de marzo 2012 | 06:47 h.
soy de Argentina. Me sentí muy feliz con el casamiento de esta señora. Es digno de admiración, su vitalidad y ganas de vivir. ojalá que sea muy feliz...
22
mapi
17 de octubre 2011 | 18:43 h.
pues yo pienso que cada uno hace de su vida lo que quiere, sin distinciones de clases..... y esta mujer a su edad si lo que le apetece es casarse y encima tiene pretendiente dispuesto a hacerlo pues ole!!! se pone el mundo por montera!!! y no nos importa a nadie, por que lo hace su marido. si por dinero, por vocacion, por amor, o por amistad o simplemente porque a el tambien le apetece.... yo no soy nadie para opinar...y nadie creo que lo deba de hacer.....
21
Palurdo
07 de octubre 2011 | 01:41 h.
Con todo respeto y fina atención; el llegar a los 85 con esa vitalidad es digno de admiración. Esas ganas de vivir sin que importen las plebeyas críticas, es fantástico. Por decisión los españoles quieren seguir siendo súbditos; por ello me extrañan las severas críticas a una Duquesa que por tanto título nobiliario que posee, sería digno que inclusive el Rey Don Juan Carlos y Doña Sofía hicieran una graciosa y sincera genuflexión, ante uno de los exponente más altos de la aristocracia hispana
Ver más